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Estrellas fugaces
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 27 de enero de 2005

¿Vieron la fotografía de una de las "estrellas de la línea" vestida de blanco? Toda una provocación inmaculada para quienes voltean la mirada cuando se habla de prostitución. El espectáculo al que se prestaron las repentinas futbolistas no pasó del pequeño escándalo o del reclamo de atención para quienes ejercen la profesión más antigua del mundo. Al final, los promotores del efímero suceso no hicieron una propuesta para encontrar un remedio que ni el mismo sabio griego Solón pudo hallar cuando en el siglo VI antes de Cristo dictó normas de protección para las prostitutas.

Otra vez alertaron de un problema sin formular soluciones. No hubo una propuesta para atender la explotación sexual de niños y niñas. No se pidió la inclusión de las sexoservidoras en el régimen de seguridad social. Se evitó relacionar la venta de placer con los riesgos que afrontan las migrantes.

Las medidas para encarar el fenómeno son tan variadas como la imaginación de quien las proponga. La más común es no hacer nada. A pesar de que es una práctica común, no está legalizada y sólo se persiguen las actividades estrictamente delictivas, como el proxenetismo y la corrupción de menores.

En Guatemala, esta clase de sexo es tanto comercio como industria. Sus actividades comprenden desde barras show a casas de masajes, servicios a domicilio y encuentros callejeros. No creo que haya institución o estudioso que sepa las cantidades de dinero que mueve el negocio y cuántas personas trabajan en él.

El momento de fama de las "estrellas de línea" ya pasó. Fue una ocurrencia aislada. No tomó en cuenta que, alrededor de la prostitución, florece la delincuencia organizada, la extorsión, el tráfico humano, la violencia y el crimen. Para acabar con ello, un método es su regulación. Al normar la actividad se acabaría con los proxenetas. Existiría mayor transparencia en el sector, mejor higiene en su práctica, control riguroso de los lugares de ejercicio y más facilidad para perseguir el delito.

Mientras, la profesión más vieja en Guatemala continúa sin ser tipificada. ¿Hasta cuándo se les dará un lugar que no sean las catacumbas ni las aceras de las calles?

Fuente: www.lahora.com.gt


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