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Memoria moral
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 2 de febrero de 2005

Dos países diferentes, dos circunstancias distintas y dos personajes disímiles. En medio, una preocupación común. En Inglaterra y Guatemala se ha reaccionado con indignación ante dos despropósitos. En la primera, un inmaduro príncipe Enrique se disfrazó de nazi. En nuestro país, un maduro periodista, Jorge Palmieri, trata de justificar lo injustificable. El primero actuó como tonto; el segundo, cree que somos idiotas.

La payasada real ha recibido un alud de críticas en las proximidades de que se conmemoren seis décadas de la liberación del campo de exterminio en Auschwitz. Cerca de que se cumpla un cuarto de siglo de la masacre en la Embajada de España en Guatemala, un periodista exhibicionista es el blanco de innumerables reprobaciones.

A sus 20 años de edad, el Príncipe Enrique ya debería haber aprendido lo que todo inglés debe conocer sobre las atrocidades cometidas por el Tercer Reich de Hitler. Con 50 años de hacer periodismo, Jorge Palmieri ya debería saber que nadie puede negar el paroxismo exterminador del gobierno de Romeo Lucas García, al cual representó en México.

Al príncipe Enrique lo deberían llevar a Alemania y enseñarle los campos de aniquilamiento masivo. A Jorge Palmieri habría que obsequiarle el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico.

A medida que los supervivientes judíos del Holocausto van muriendo, la dimensión individual e íntima del recuerdo está pasando a manos de quienes eran niños cuando empezó la Segunda Guerra Mundial. En cambio, gruesos sectores de la juventud guatemalteca permanecen ajenos o indiferentes ante los horrores de una guerra llamada, eufemísticamente, "conflicto armado interno".

Tanto para el príncipe irresponsable en sus actos como para el periodista responsable de sus opiniones infamantes, las atrocidades del pasado no fueron, particularmente, inhumanas. El peligro es la deformación de la historia. La banalización de los crímenes contra la humanidad, las manipulaciones de quienes están más interesados en la ideología que en ser precisos, amenazan con oscurecer los hechos y desvirtuar las lecciones que de ellos se desprende para constituir el presente, pues como advirtió don Edgar Alfredo Balsells Tojo, el "olvido no significa otra cosa que el mantenimiento de la mentira".

Fuente: www.lahora.com.gt


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