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Universidad y sacrificios
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 8 de febrero de 2005

Para el editorialista de Prensa Libre, los recientes cambios al Reglamento General de Evaluación y Promoción Estudiantil de la Universidad de San Carlos (USAC), es "una medida plausible, valiente e histórica, por constituir un primer paso para reivindicar el perdido prestigio de la carolina" (6-2-2005: 26).

La afirmación de que en la USAC se refleja la situación del país, es parcialmente cierta. Existe correlación entre las condiciones de éste y lo ocurrido en la Universidad, pero el fracaso del paradigma de la Revolución condujo a perder la certeza en el inicio de los cambios en el orden nacional. Tampoco parece verdad que la reforma universitaria sea postergada hasta que otras transformaciones se produzcan. Insistir en que la Universidad reproduce la índole del país, se basa en que una y otro son entes separados. Es erróneo considerar las instituciones como entes. La Universidad no es distinta del país. La relación existente es de todo a parte. Si el país no será reformado por una de sus partes -la Universidad-, el sistema educativo -una parte de aquél-, empezará a ser transformado a partir de la Universidad.

La reforma de la USAC debería alcanzar a las universidades privadas. Lo ideal es principiar, en forma simultánea, el mejoramiento de los otros niveles educativos. La crisis educativa es global y las soluciones deben incidir en el todo. También hay crisis en las universidades privadas, enclaustradas para que "otras" actividades no perturben la formación cultural y profesional. Al renunciar -en alto grado- a la investigación científica con misión social, no proponen soluciones a los problemas del país, aunque se lo propongan, debido a la introversión académica. Sus campus son complejos de adiestramiento para las minorías dirigentes. Esa postura no les otorgó mayor calidad como instituciones de cultura superior. Más bien, la instrucción impartida ha sido libresca. Los problemas sociales continúan desatendidos, a pesar de que en esos centros de estudios superiores se encuentra el personal competente para resolverlos.

Las universidades son factores de cambio social y, por ende, de la consecución de una paz basada en la justicia. Son instituciones que valen por sí mismas. Lo lamentable es que varias generaciones fueron sacrificadas, al mantenerlas de espaldas a la realidad o porque, social y técnicamente, han sido mal formadas.

Fuente: www.lahora.com.gt


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