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Los móviles de Tono
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 5 de marzo de 2005

Antonio Móbil aprendió a conocer las asperezas de la naturaleza humana cuando quiso compartir -infructuosamente-- su biblioteca inicial con la patojada de Gerona. Después, sus libros fueron víctimas de la embestida fascista que los condenó a parar en el fondo de un desagüe. En prevención del daltonismo cultural de sus perseguidores sacrificó Rojo y Negro, de Stendhal. Ese segundo bibliocidio lo transformó en Julien Sorel, el protagonista de la novela inmolada, cuyo destino oscila entre las pulsiones del amor (representado por el rojo) y la muerte (vestida de negro). Entre esos motivos de gran movilidad también fluctúa su alejamiento de los espadones de rojo ancestral y la renuncia al fuego ofrecido, eclesiásticamente, con negro tridente. Hoy sábado asistimos a la cuenta de los días mobilianos en el libro de trazos autobiográficos titulado Los móviles de Tono. Son cuentas de vidrio colorido que penden desde la cuna para proteger un sueño lejano iniciado en febrero, trozos de memoria del altivo gallito inglés en las Verapaces, recuerdos olfativos de frutas prohibidas, miradas fijas del ángel volador y de Eloísa. Olor a paraíso perdido.

Móviles que giran sobre la patria recuperada, que no deja de ser cabecita de alfiler perdida en el mapa. Tono Móbil es el Judío errante al que no se lo tragó la tierra, pero la calle sí se le abrió para enseñar que subsisten los amigos acérrimos. El memorioso ama más y odia menos. Por eso, las páginas de los libros no lo abandonaron en caminos que lo llevaron a oír justificaciones en Hungría; soportar el tedio chino sólo mitigado al visitar la muralla interminable; marchar festivamente en Viena; adoptar a Chile como segunda patria durante un exilio de tres años y, de nuevo, volver al nido de Lidiantonio, Magnolia, la residencia que bendijo Enrique Juárez Toledo. Los móviles de Tono nos aguardan para girar sobre los muros indestructibles que nos heredaron Arévalo y Arbenz, glorias entre el penoso Siglo Veinte guatemalteco.

El "benjamín de los revolucionarios" recorre senderos de esta dura patria, a la cual no podemos abandonar sin reincidir en el tiempo de los despojos, sin dejar de levantar el brazo izquierdo con el puño cerrado, aunque sólo nos ampare un pajarito escondido de pecho rojo y una pálida enseña que ahora queman en el estadio de fútbol. Salud para Antonio Móbil, por estos móviles que subsistirán en su mirada de niño asombrado.

Fuente: www.lahora.com.gt


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