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Mujer y silencio
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 8 de marzo de 2005

Una forma de conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, hoy 8 de marzo, es señalar los mecanismos para mantenerlas acalladas. El lenguaje --visual, corporal, verbal o escrito--, no es neutro sino sexuado, como advierte Luce Irigaray. En el largo proceso de creación de los lenguajes, talvez con la excepción de la danza, las mujeres casi no han participado, conformándose con conservarlos. La otra excepción en ese proceso son las mujeres decididas a transformarlos. A esas mujeres resueltas a modificar el lenguaje les va peor que a los hombres, en sociedades como la nuestra. El cambio no se reduce a las formas sino al pensamiento generador o receptor. La coherencia sólo se logra cuando existe correspondencia entre los hechos y las formulaciones. Al final, se trata de una recreación del mundo, en la que no dominan las percepciones de uno de los sexos ni, simplemente, se acuerda un equilibrio de fuerzas. Consiste en construir un camino de doble vía, con el cual terminen las adjudicaciones de "tu mundo" o "mi mundo" y así dar paso a una visión compartida de "nuestro mundo".

En este país, caracterizado por las segregaciones, no se permite iniciar el derribamiento de los muros de silencio, recurriéndose con frecuencia a los lenguajes ocultos. Una de esas latencias la encontramos entre los pueblos indígenas, que han erigido una larga muralla alrededor de la cultura de resistencia. El lenguaje indígena ha sido refugio durante cinco siglos, con lecturas de la realidad completamente distintas a las nuestras. La mujer indígena ha sido doblemente amordazada, dado el carácter dual de su marginamiento: por ser mujer y al mantenerse indígena.

A la mujer le fabricaron la mudez. La sociedad prefiere su silencio y trata con recelo a las que hablan bien. Hablar bien no es adornarse ni retorcerse verbalmente sino decir lo preciso, para impedir la imposición de la mentira. El silencio parece algo propio de las mujeres y Marguerite Duras lo adjudica, "pues desde la noche de los siglos las han privado de la palabra". En esa oscuridad, aprendimos a distinguir las siluetas de la esperanza. Esperanza nutrida con la sangre de los mártires de la palabra, tanto hombres como mujeres. Su sacrificio no ha sido vano. Nos enseñaron a pelear para restaurar la participación aplastada y recuperar la voz sustraída para que, por medio de esas reconquistas, puedan ser derrotados los prolongados marginamientos.

Fuente: www.lahora.com.gt


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