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Futbolitis
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 7 de junio de 2005

Los encuentros clasificatorios para la Copa del Mundo 2006 en Alemania, es un fenómeno febricitante que no ha ocurrido en terreno vacío y aséptico. Conmueve la lealtad de la afición guatemalteca, cohesionada ante un objetivo común. Este reconocimiento no implica estar desprevenidos ante motivos ocultos y riesgos. Por una parte, Theodor Adorno advirtió que el fútbol se caracteriza por su elemento masoquista: "a él no sólo pertenece el impulso a ejercer violencia sino también el de sufrir".

Según Erich Fromm, la automortificación reincidente sufrida por los aficionados, posibilita la subsistencia de poderes sociales ciegos e incontrolados: "sufrir sin lamentarse es la mayor de las virtudes, y no la supresión o cuando menos la disminución del sufrimiento". Esa percepción la trasladó Gerhard Vinnai al campo de juego: "los goles anotados en la cancha son los goles contra los dominados".

Desde la noche de la historia, los juegos de masas han sido instrumento adecuado de apaciguamiento social. La tan conocida expresión "pan y juegos del circo", fueron las palabras de amargo desprecio dirigidas por Juvenal a los romanos de la decadencia, que en el Foro sólo pedían trigo y espectáculos gratuitos.

Esa práctica deportiva es expresión de una solidaridad frustrada y pervertida, tanto en países industrializados como subdesarrollados. Más allá del apasionamiento, la distracción o la función de cohesión social que despierta, cumple una función muy importante, evidente cuando se trata de desviar la atención multitudinaria hacia asuntos más acuciantes y graves. El fútbol acentúa la comunicación sobre temas neutrales y conformistas, lo que puede resultar contraproducente al respaldar la irresponsabilidad y la ineficiencia. De otro modo, sólo puede pensarse en su instrumentalización para anestesiar el sentido crítico y distraer la atención de millones de incautos.

La red de federaciones aglutinadas en la FIFA coincide más con las naciones y no con los Estados (como ocurre con las cuatro federaciones de la Gran Bretaña). Esa especie de correspondencia no justifica confundir las selecciones de las federaciones con los países, como acostumbran hacer los locutores deportivos para exacerbar el patriotismo o destacar las supuestas virtudes nacionales en apariencia puestas en juego.

Fuente: www.lahora.com.gt


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