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Fútbol y delirios
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 8 de julio de 2005

Nuestra mediocridad empieza en el fútbol. Somos grises espectadores, capaces de la devoción inofensiva o del fervor enfermizo. Mediocres por acríticos y manipulables. Parecemos ignorar nuestra alienación y aceptamos sumisamente la desinformación con que saturan el ambiente de las patadas para lograr la mejor de las domesticaciones.

El último episodio lo protagonizan miles de incautos que aplauden la divisa blanca identificada como emblema de éxito, competitividad y estatus social. El fútbol en Guatemala es un negocio muy lucrativo, a pesar de la ineficiencia en el montaje de los espectáculos, las fugas en la percepción de ingresos por venta de boletos y la desatención de las ligas menores.

Es evidente que acá la libertad absoluta de mercado tiene sus límites, pues la preparación y reclutamiento de jugadores no se ha traducido en un deporte altamente competitivo, con una infraestructura adecuada. Para paliar el déficit del espectáculo, los dueños de las empresas recurren a la contratación de una nutrida legión extranjera de jugadores para elevar la calidad del mismo.

Ante el frenesí de las "nacionalizaciones express" de los futbolistas centroamericanos, sólo algunas voces valientes han denunciado la engañifa, excepciones que confirman la regla del carácter alienado del periodismo deportivo en Guatemala, pero también lo dignifican, como el caso de Gabriela Barrios Paiz, quien ha llamado por su nombre a los delirios de grandeza del Presidente de Comunicaciones.

Roberto Arzú provocó la inflación en el mercado futbolero en los últimos doce años y alimentó el chauvinismo, con el quimérico afán de participar en la próxima Copa del Mundo, sin que olvidemos sus interminables "megaproyectos", como la construcción de un "Coliseo" en el Parque Naciones Unidas, en terrenos que fueron de GUATEL, traer a la Fiorentina y, recientemente, al Boca Juniors.

El fútbol es un catalizador de algunas necesidades colectivas, no en cuanto valor social, sino en cuanto consumo. Ofrece grandes posibilidades de evasión y es una fórmula muy sutil de legitimar el poder de sus detentadores. El "pan y circo" no sólo anestesia. Los mercaderes saben utilizar el deporte de las patadas para lograr la igualdad consumista en una sociedad cohesionada en la búsqueda de un ideal común (la selección "nacional"), con lo que el fútbol se ha convertido en un instrumento positivo de integración social. Además, el borreguismo fomenta la irresponsabilidad y la ineficiencia. Esto ha acentuado la comunicación sobre temas neutrales y conformistas.

Fuente: www.lahora.com.gt - 070705


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