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Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 16 de octubre de 2005
mvmejia2@intelnett.com

El 20 de octubre de 1994, la Editorial Cultura presentó el libro Por qué lucha Guatemala, de Manuel Galich. Esa publicación fue la cúspide de la "Colección Veinte de Octubre" que, lo anticipábamos, sería relegada con facilidad por quienes propugnan la asepsia cultural. En estos momentos en que los logros sociales y culturales de la gesta de octubre están cada vez más disminuidos -acometida facilitada por ineficiencias fabricadas y calculados despropósitos- es oportuno volver la mirada al testimonio de Galich. Es un repaso dolorido por la entraña de Guatemala, escrito con la pasión por el cambio y el dolor por la traición. El autor, llamado "El Verbo de la Revolución", reclama y explica los motivos para no cejar en la lucha por Guatemala, contienda aún inconclusa.

La gesta de 1944, con más luces que sombras, con más aciertos que contrasentidos, quiso modernizar un país con marcados rasgos de atraso. La recomposición del mapa político internacional propiciaron y nutrieron el fin del añejo sistema de dependencia y coloniaje. La modernización nacional tuvo un primer gran momento en la entusiasta erupción educativa. Después se buscó la recomposición productiva, para lograr un país encaminado por la senda del capitalismo. Su principal logro fue su gran tentativa.

Las interrogantes continúan abiertas, pues, si fue una gesta, no entonó el canto necesario; si era una revolución, no pudo defenderse a sí misma; si se trataba de una reforma, resultó llama pequeña para fracturar la roca de la iniquidad, la prepotencia y el vasallaje. Si dejó algún legado no fue tanto su enseñanza de lo que puede hacerse sino por despertarnos para saber qué debemos deshacer. Si no es evocada es por ignorar la fuerza de la memoria colectiva; si no es invocada es por la debilidad de nuestra fe, debida a la acumulación de preocupaciones pequeñas y no por ocupación compartida en lo debido.

La Revolución de Octubre soñó y sufrió por construir un proyecto colectivo que, en la actualidad, pretende dar al territorio una forma estatal y proporcionarle al Estado una expresión nacional. Esa perspectiva será cada vez más cercana a medida que se reconozca y consolide la esencia pluricultural y multilingüe de Guatemala. Las raíces de la injusticia no debemos sólo buscarlas en las evidentes desigualdades ni en los contrastes abominables sino en la imposición cultural. Todo esto es un alegato válido y vigoroso de Manuel Galich en su libro.

En 1944 se abrió la posibilidad de repensar Guatemala, desde una perspectiva diversa y divergente de la cultura hegemónica. Si no se acepta la relación indivisible entre dominación económica e imposición cultural, sobrarán las soluciones y seguirá desconociéndose el verdadero problema. De ahí la necesidad de combatir la pobreza tanto material como espiritual.

A 61 años de distancia, las circunstancias internacionales han variado de manera significativa. Los ideales para erradicar los despotismos, trasvasados al pensamiento de quienes emprendieron la Revolución de 1944 y el gélido forcejeo de las superpotencias, han cedido para enfrentarnos a la incertidumbre de la globalización planetaria y la paradójica unipolaridad.

Se comete un grave error cuando se revisa la historia, si los conceptos del presente se aplican a las formulaciones del pasado. En plena crisis de las ideologías y frente al propósito de arrebatarnos la Utopía, los ideales deben perdurar para repartir las oportunidades y generar el bienestar. Nuestro país no está en subasta, como nos enseñaron los gestores de la Revolución de 1944. La población guatemalteca parece desconocer su derecho a definirse e insertarse en términos de equidad en la recomposición internacional y no dejarse sorprender por la voracidad internacional y el egoísmo institucionalizado.

Manuel Galich es de la estirpe de quienes, como advirtió Martí, se entregaron a la pasión por su país. Su magisterio está en su entrega incondicional pero lúcida. En esta época de nieblas es apropiado recordarlo como uno de los más significados luchadores por instaurar la justicia en una latitud acostumbrada a repartir la nada. Su coherencia y honradez son ejemplos para todos quienes desean una Guatemala diferente.

Todos estamos comprometidos con la lucha por la dignidad. Si sabemos recoger ese legado de la Revolución de Octubre, la oscuridad del dolor y el caudal de la sangre derramada no serán vanos. El aporte de Galich con su obra Por qué lucha Guatemala, contribuye a vivificar los ideales de una efeméride que merece una jubilosa reflexión.

Fuente: www.lahora.com.gt - 151005


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