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Volver al origen
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 9 de noviembre de 2005
mvmejia2@intelnett.com

El concepto de autonomía acompaña el nacimiento mismo de las universidades, como aspiración de libertad frente a los poderes civiles, imperiales o eclesiásticos. La posibilidad de formular la nueva autonomía para la universidad guatemalteca, como parte de una reforma, principiaría en saber volver a su origen. La autonomía universitaria surgió con la aparición de la universidad europea, en el siglo XII.

Las primeras universidades disponían de la "dispersión" o "secesión" para defenderse de los abusos de los dueños de las posadas y de las autoridades municipales. Este recurso consistía en la amenaza de mudarse a otra ciudad que garantizara su independencia, prerrogativas e inmunidades. Las secesiones de alumnos o maestros originaron nuevas universidades. El éxodo de estudiantes ingleses de la Universidad de París dio origen a la Universidad de Oxford (1167), la cual engendró a Cambridge como consecuencia de un conflicto entre las autoridades locales y la autonomía de la primera. Una secesión de estudiantes de Bolonia provocó el nacimiento de la Universidad de Padua (1222) Además, los delitos cometidos por universitarios eran juzgados por sus pares mientras el rector podía sancionarlos penalmente. (Mondolfo, 1966: 23)

Los tipos de universidades predominantes en la Europa medieval fueron los de Bolonia (universitas scholarium) y de París (universitas magistrorum) Bolonia fue fundada en el siglo XII debido al impulso de estudiantes en busca de profesores, lo cual explica que en su gobierno y administración influyera de manera decisiva el elemento estudiantil. De acuerdo con su procedencia, los alumnos se organizaban en "naciones". Cada nación elegía uno o dos concejales, a quienes correspondía la elección del Rector, la que se realizaba de manera anual.

París se organizó alrededor de un marcado interés teológico. En su seno hubo debates que marcaron su época y por la naturaleza de esas discusiones, los maestros ejercieron una gran influencia. París recibió la protección especial del Papado para ser convertida en "la fortaleza de la fe y la ortodoxia católicas". De ahí que la universitas magistrorum estuviera sometida a la jurisdicción eclesiástica que dirigía los estudios y designaba al Rector. Después, tanto Bolonia como París se constituyeron en corporaciones de la totalidad de maestros y alumnos.

El modelo de París definió la estructura de las universidades de Europa septentrional. El tipo de universidad nórdica pasó, en el siglo XVII, a las colonias inglesas en América. En cambio, el de Bolonia determinó la de los centros universitarios de Europa meridional y fue imitado por la Universidad de Salamanca, cuyo esquema inspiró a las universidades coloniales de Hispanoamérica. Este distinto origen explica la importancia desigual que, posteriormente, ambos modelos dieron a la participación estudiantil en el gobierno universitario. En las universidades que siguieron el modelo de Bolonia es históricamente legítimo el co-gobierno estudiantil. De ahí que Luis Alberto Sánchez afirmara: "Quien pretenda estudiar el rumbo actual de nuestras universidades, no deberá perder de vista semejante circunstancia. Hacerlo implicaría correr el riesgo de una lamentable obliteración y un más lamentable oportunismo." (1949: 7)

Fuente: www.lahora.com.gt - 081105


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