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Asedio injusto
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 12 de noviembre de 2005
mvmejia2@intelnett.com

El “bloqueo” que Estados Unidos ejerce sobre Cuba y al que eufemísticamente denomina “embargo”, fue condenado en la sede de Naciones Unidas por 182 Estados de 191, la votación más alta registrada hasta la fecha. Ese “bloqueo” es una guerra no declarada, silenciosa, contra el pueblo cubano y que viola principios fundamentales del Derecho Internacional. Durante casi medio siglo, Cuba ha soportado las condiciones más adversas que han impedido la normalidad de su comercio, su economía y su desarrollo social. El asedio constituye una política de restricciones que ha afectado de manera significativa todos los aspectos de la vida de los cubanos.
El gobierno de George Bush, lo recrudeció al extremo de que si Cuba intenta hacer adquisiciones o recibir créditos de un país, Estados Unidos trata de impedirlo por medio de la coerción o el chantaje. El acoso ha asesinado pacientes ante la falta de medicamentos, reactivos y tecnologías médicas, además de encarecer significativamente el comercio exterior cubano. También ha privado a Cuba del acceso a los organismos regionales y multilaterales de crédito.

El “bloqueo” también se manifiesta en el terrorismo de Estado, con acciones de subversión y espionaje, la guerra biológica contra personas, animales y plantas, y tentativas de asesinar dirigentes cubanos. Las constantes acometidas provienen del país autoproclamado como abanderado de la lucha contra el terrorismo, pero que protege a los criminales internacionales Orlando Bosh y Luis Posada Carriles, autores intelectuales de la explosión en vuelo de un avión comercial cubano con 73 pasajeros y tripulantes a bordo, y causantes de otras felonías.

Estados Unidos no busca la “democratización” en Cuba. La isla insurrecta ha alcanzado índices de desarrollo humano comparables a los del Primer Mundo, pese a la hostilidad estadounidense y como consecuencia del heroísmo cotidiano de su población. Reconocer este hecho no significa aceptar que sólo hay una vía para lograr la justicia social. Para aceptar la valentía cubana no se requiere anteponer la afinidad ideológica o la vocación revolucionaria. Es admitir que la resistencia cubana representa un ejemplo para quienes aspiran a una auténtica independencia, una de cuyas manifestaciones más logradas es la emancipación mental.


Fuente: www.lahora.com.gt


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