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Repensar la Izquierda
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 19 de noviembre de 2005
mvmejia2@intelnett.com

¿Por qué predomina la derecha en un país como Guatemala, en donde más del ochenta por ciento de la población es pobre? ¿Dónde está la fuerza política para impulsar los cambios? De manera esquemática, simplista, se afirma que son de "derecha" quienes optan por mantener el estado de cosas. Al contrario, ser "de izquierda" significa luchar contra las injusticias, las desigualdades y las exclusiones. Un pensamiento de izquierda es progresista y no se escandaliza ante ningún cambio positivo. Se supone que es abierto, tolerante, no racista, no sexista, no discriminatorio, no patológicamente consumista. Entonces, ¿cómo es posible que en Guatemala predomine un sistema en que la partidocracia representa a las minorías?

Talvez la respuesta se encuentre en el papel decisivo que cumplen las capas medias (mal llamadas "clase media"), las cuales se identifican más con el estilo de vida y los intereses de la clase alta, con poca solidaridad entre quienes las componemos, por ese "sálvese quien pueda" en que nos mantienen. Los "clasemedieros" somos los culpables de la entronización del consumismo, la alienación cultural y el clientelismo político. A esto se suma el hecho de que los capitalinos concentramos los servicios básicos, con lo que aumenta la marginalidad.

La guerra dejó hartazgo en unos y desilusión en otros. Esa frustración ha impedido replantear que ser de izquierda es, ante todo, una toma de posición más intelectual que afectiva. Implica optar por la audacia y de saber ir contra la corriente. Quien decide incorporar esas categorías de pensamiento en su vida da un salto racional que principia por desembarazarse de todos los valores que el peso de la tradición le confiere. Al ver el mundo con nuevas categorías, se descubren las mentiras sociales, coaguladas, normalizadas, aceptadas desde siempre como naturales.

Esto significa hacer de la solidaridad un modo de vida y, en el plano de la participación política, desterrar el afán de protagonismo y buscar nuevos liderazgos. Para que esto pueda darse, debe ocurrir un cambio generacional. Mientras tanto, hay que enfrentar el asambleismo en las organizaciones partidarias, con discusiones interminables -y bizantinas- que no llevan a ningún lado, donde lo que está en juego es establecer "quién es más revolucionario". Si algo define a las izquierdas políticas es su manía de estar siempre dividiéndose, peleándose por detalles, fragmentándose. Es un mal siempre presente.

En ese escenario se desenvuelve la Izquierda política, mejor dicho, las "izquierdas". La dirigencia de la "izquierda militar" no tuvo extracción popular y no pudo sustraerse de la cultura autoritaria que nos define y constituye en el seno de las iglesias, los centros educativos y en la misma familia. La expresión guerrerista impuso que es más de izquierda quien es más revolucionario, o sea, tiene más autoridad el que empuñó las armas. Esa es una postura más emocional que racional. Al luchar por imponer el socialismo, tanto militar como académicamente, se cerró la posibilidad de incorporar otras izquierdas como la proveniente del catolicismo progresista y la socialdemocracia.

También, podría manifestarse un tipo de izquierda basada en un liberalismo social que proponga la modernización de nuestra sociedad por medio de un capitalismo "de rostro humano", que supere el mercantilismo en que estamos sumidos. Nuestro país necesita muchos y buenos empresarios, que no le tengan miedo ni combatan al Estado: no hay que disminuirlo sino fortalecerlo en áreas prioritarias como salud, educación y seguridad como defensa. Además, es prioritario concebir una Reforma Agraria basada en la eficiencia productiva y no en el reparto arbitrario de tierras.


Fuente: www.lahora.com.gt


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