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Rendición de cuentas
Por Nineth Montenegro* - Guatemala, 11 de junio de 2007

El sistema de aplicación de justicia es ciego y permite el delito.

Muchos guatemaltecos recordamos aún a aquel Alfonso Portillo agradable y dicharachero, que inspiraba simpatía en amplios sectores de la población. Muchos, además, lo recuerdan como un potencial estadista y académico destacado en México... pero atrás de esta faceta se encontraba la de un ser codicioso y ambicioso, capaz de llegar a los extremos en aras de conseguir sus objetivos.

Aún recordamos con sorpresa cómo, a tres meses de haber sido electo con el apoyo mayoritario de más de un millón de guatemaltecos, ya estaba cambiando de casa, empezó a tener gustos exquisitos, a usar relojes de marca, automóviles de lujo, viajes; en definitiva, empezó a gozar de las “mieles del poder” a tal extremo que se desbordó en un cinismo total.

Este hombre saqueó diversas instituciones, como el entonces Estado Mayor Presidencial, vía el Ministerio de la Defensa, el Seguro Social, el Crédito Hipotecario Nacional... En fin, tantas, que sería prolijo expresarlas en este documento.

Todo esto fue posible, en primer lugar, y he de remarcarlo, gracias a un pueblo que se desborda y se deja cortejar por fantasías, por las palabras dicharacheras que quiere escuchar; por supuesto, por los títulos académicos, pero que no ve más allá, olvida la ética y la dignidad, que yo creo es un valor perdido hasta en el vocabulario del guatemalteco. Hoy todo mundo olvidó que votó por ese hombre y ni siquiera lo nombran.

En segundo lugar, porque el Estado es muy débil, no tiene controles y permite por diversas fórmulas estafar el erario. Aún ocurre hoy día, pero como hoy son los de cuello blanco, nadie dice nada o quizá porque tienen apellidos rimbombantes, no sé; el caso es que esto sigue ocurriendo por otros medios, por otras vías, pero siguen existiendo fugas desde el Estado.

En tercer lugar, porque el sistema de aplicación de justicia es ciego cuando se trata del poderoso; se empecina con el débil, el pobre, el indefenso, pero esconde la vista cuando se trata del criminal con poder. Hoy Portillo se ríe de nosotros y se jacta diciendo que sigamos perdiendo el sueño por él. Él está feliz, vive una vida literalmente paradisíaca, “tiene inmunidad” y se arropa en el derecho de antejuicio que le da ser diputado al Parlacen.

En pocas palabras, en Guatemala no existe rendición de cuentas, y el pueblo ya casi se acostumbró a la sistemática impunidad; es más, son tantos los problemas en este país, que el problema de la corrupción ya no es una de las preocupaciones de los guatemaltecos. Es posible que ya nos cebamos en la misma.

Termino diciendo que sólo el día en que los guatemaltecos actuemos con firmeza y nos apretemos las faldas y los pantalones y digamos basta, habrá rendición de cuentas.

* Diputada al Congreso de la República

Fuente: www.prensalibre.com - 100607


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