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Sobre la pena de muerte
Por Nery Rodenas - Guatemala, 26 de septiembre de 2004

La pena de muerte no es un persuasivo poderoso.

Guatemala como estado parte de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, ha adquirido el compromiso de adecuar su legislación para extirpar esta inhumana medida. Sin embargo, vale la pena centrarnos en la pregunta ¿Es la pena de muerte un mal necesario?.

Los argumentos que apoyan la pena de muerte, son insostenibles. La aplicación de la pena de muerte no constituye un medio persuasivo para aplacar la criminalidad y su aplicación observa únicamente un impacto en los ciudadanos normales, pero no así en los delincuentes extremos, quienes, prefieren morir en condiciones dramáticas a pasar toda una vida en la cárcel.

La pena de muerte no es un persuasivo poderoso, como pretenden algunos, para frenar la criminalidad, y se convierte, más bien, en un medio morboso de venganza social, que ante la impotencia gubernamental para frenar la violencia social, pretende frenar la sangre con la sangre, no importando que al final la sangre nos salpique a todos.

¿Acaso, y luego de las ejecuciones en nuestro país, se ha observado una disminución de los delitos? A esto agregamos que la aplicación de esta pena es altamente discriminatoria ya que históricamente la misma se ha aplicado sólo a personas pobres.

Humanamente comprendo la posición de los familiares de las víctimas de la violencia, por los irreparables daños que se le han causado, pero su honda aflicción no puede ser subsanada con más muerte y dolor. Moralmente no puedo compartir la idea que para sentar precedentes y dar escarmiento a los delincuentes se tenga que disponer de la vida de otra persona.

Los que favorecen la pena de muerte argumentan que Guatemala no se encuentra en las condiciones de tener reos de alta peligrosidad en las cárceles, por que no existen los mecanismos que garanticen que no existirían fugas; sin embargo este argumento nos lleva a reflexionar sobre el Sistema Penitenciario y todos los males que le aquejan, pero no es válido para justificar esta pena, pues basta con iniciar una reforma del mismo para eliminar sus deficiencias.

Personalmente no creo en la pena de muerte ni los mecanismos de “humanización” de la misma (recordemos cuando en la aplicación de la pena de muerte se sustituyó el fusilamiento por la inyección letal).

Guatemala daría un salto hacia delante en lo que respecta al respeto de derechos humanos si finalmente se logra la abolición de la pena de muerte, y erradicar, por fin, esa contradicción Constitucional de aceptar la pena de muerte, al mismo tiempo de otorgarle al Estado el deber de garantizarle la vida a los habitantes de la República. Está en manos del Congreso decidir entre lo humanitario y la barbarie. Ojalá y domine la razón.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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