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Guatemala: el Poder de los Pueblos Originarios
Por Nicolás Virga - Guatemala, 24 de septiembre de 2007

En las últimas elecciones desarrolladas en Guatemala, se puede llegar a una afirmación, apresurada y parcial, de que los aborígenes están logrando, cada vez más representación y visibilidad política. Según la Asociación Guatemalteca de Alcaldes y Autoridades Indígenas (AGAII), los comicios revelaron que dirigentes de los pueblos originarios obtuvieron un triunfo electoral en 129 municipios, de los 332 que estaban en juego. Esta cifra indica un aumento de 6 localidades en comparación con las que obtuvieron 4 años atrás.

Ahora bien, en esas mismas elecciones participó como candidata presidencial la mujer de origen maya y premio Nóbel de la Paz, Rigoberta Menchú. Su postulación había generado expectativas en distintos sectores, tanto de Guatemala como en el exterior, pero quedó relegada a un lejano sexto lugar.

Esto devela que la construcción de poder político de los aborígenes no es mágica. Desde ya hay que posar la mirada sobre la complejidad de comunidades que han sido, y aún son, explotadas, sometidas, desarraigadas, oprimidas y discriminadas, por lo que claramente representan un colectivo atravesado por conflictos y luchas de intereses.

El caso de Menchú lo confirma: sólo la votó un 3 por ciento de la población, cuando se estima que en Guatemala hay un 42 por ciento de ciudadanos provenientes de los pueblos originarios.

Al respecto el dirigente aborigen y pionero en la postulación presidencial de su comunidad, Rigoberto Quemé, en declaraciones a medios guatemaltecos cuestionó: "Si los blancos no están unidos, ¿por qué el indígena sí tiene que estarlo para participar en la política?". Asimismo, agregó que "construir un proyecto político indígena implica muchos años de trabajo y una profunda relación con los pueblos".

La conformación de espacios de reconocimiento de los derechos aborígenes es similar a un camino sinuoso y lleno de problemáticas.

Los pueblos originarios no son un todo sin fisuras o contradicciones. Están insertos en un sistema de poder, y para hacer presente su propio poder utilizan un discurso fuerte que interpela a la sociedad que conforman. Menchú recibió muchas críticas por referirse a los guatemaltecos como racistas y machistas. Otras organizaciones aborígenes de Guatemala, como la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC), denuncian la falta de políticas de reforma agraria y reclaman por la defensa de su tierra.

La necesidad de participar y decidir un destino en común ocasiona que los pueblos originarios se organicen y exijan su lugar en el mundo.

Uno de los primeros casos de reclamo fue el que llevó a cabo el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, con el Subcomandante Marcos a la cabeza. Hace poco, en 2005 Bolivia permitió otro ejemplo de reivindicación: Evo Morales fue el primer integrante de una comunidad originaria elegido Presidente democráticamente.

En estos momentos los guatemaltecos comentan el incremento del poder en manos de los pueblos que viven aquí antes que los colonizadores. Es la lucha por el poder y por la supervivencia. Es la política. Vemos los diarios como las tensiones reviven en el día a día. Existen las luchas cotidianas por el acceso a la dignidad y el respeto. Pero es una lucha necesaria, fundamental para la constitución de un mundo un poco más justo y solidario.

Fuente: www.bolpress.com


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