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Olvídense de la Doctrina Monroe
Por Oscar Clemente Marroquín - Marzo 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

El concepto básico de la famosa Doctrina Monroe era: "América para los americanos", entendiendo por América a todo el continente y por americanos a los Estados Unidos. Esa idea, en nombre de la cual se cometieron muchas barbaridades e intervenciones, además del establecimiento de dictaduras que a lo largo de un siglo contaron con el respaldo de Washington bajo la idea de que gente como Somoza, por ejemplo, podían ser unos hijos de tantas pero "al menos es nuestro hijo de tantas", ha sido totalmente superada por la nueva Doctrina Bush, definida a lo largo de la entrevista que la televisión norteamericana le hizo al Presidente el pasado fin de semana.

La Doctrina Bush es mucho más ambiciosa y puede resumirse en "el mundo para los americanos", porque el mismo mandatario estableció que su país, como potencia mundial, puede ir a la guerra contra cualquier Estado simplemente si piensa que hay un peligro y antes de que ese peligro pueda convertirse en inminente. En otras palabras, el carácter de las agresiones militares contra cualquier país del mundo resulta totalmente arbitrario. Se supone que un peligro para ser real tiene que ser inminente, pero según las palabras textuales de Bush, Estados Unidos puede atacar a cualquier país tan sólo bajo la sospecha de peligro, puesto que para él cuando el mismo ya es concreto e inminente puede "ser demasiado tarde".

Luego de la burla del sistema de Naciones Unidas en el caso de Iraq, la declaración de Bush resulta extremadamente peligrosa porque aceptarla significaría admitir que la única y gran potencia mundial puede hacer a su sabor y antojo simplemente cuando el inquilino de la Casa Blanca sienta, intuya o perciba algún peligro. O lo que es peor, cuando invente un peligro como pasó con la cuestión de los fantásticos arsenales de armas de destrucción masiva en Iraq, pregonados tanto por el señor Bush como por sus títeres en Gran Bretaña y España, Blair y Aznar.

Actualmente Estados Unidos está viviendo un proceso peculiar, puesto que el Presidente aspira a la reelección después del gran fiasco de las pruebas sobre el arsenal iraquí. Ahora Bush cambia por completo el razonamiento para ir a la guerra con la intención evidente de desvirtuar las fundadas críticas que se le hacen por haber manipulado la información de los servicios de inteligencia, al punto de enviar a su Secretario de Estado a mentir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tal y como en su tiempo lo hizo la administración de Eisenhower cuando presentó el "caso Guatemala" contra el gobierno de Arbenz. Pero en ese tiempo era la extensión del concepto de la Doctrina Monroe utilizado para evitar que una potencia extracontinental, la Unión Soviética, metiera sus manos en la región. Con Iraq era simplemente el capricho de Bush y Cheney por limpiar de alguna manera el nombre de la primera administración Bush, la del padre, eliminando al dictador que los dejó en ridículo.

Pero en el proceso político de Estados Unidos y en el esfuerzo por lavar la cara de su gestión, Bush está definiendo toda una nueva doctrina de Derecho Internacional que las Naciones Unidas tendrían que repudiar inmediatamente y sin tapujos. El silencio de la ONU, de su Consejo de Seguridad y de su Secretario General ante las imprudentes e impúdicas palabras de Bush compromete la paz mundial porque deja las manos libres a cualquier loco o fanático que ocupe la Casa Blanca para armar el desmadre que se le antoje.

La función de la ONU tiene que ser para prevenir y por ello es que el silencio actual resulta cómplice y criminal, porque avala una doctrina de terror preventivo contra cualquier Estado del mundo al que le ponga el ojo Bush o quien le siga en la Presidencia de los Estados Unidos.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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