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El bárbaro crimen contra Manuel Colom Argueta
Por Oscar Clemente Marroquín - 23 de marzo 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Hace 25 años, justo a la hora en que estoy escribiendo este comentario, Manuel Colom Argueta salía de su oficina en la zona 9 y empezó la cacería ejecutada por agentes del Estado que tras asesinar a sus elementos de seguridad, lo siguieron hasta darle muerte en forma bárbara y brutal para hacer evidente que el Estado de Guatemala no estaba dispuesto a hacer concesiones a nadie, ni siquiera a quienes desde el campo de la izquierda democrática, pretendían ejercer sus derechos políticos con apego a las elementales normas legales. Meme Colom no era un terrorista y si bien era el líder más respetado de la izquierda del país, su actividad frontal era la última esperanza para muchos de lograr cambios por la vía electoral en el marco de un régimen cada vez más intolerante.

El crimen de Manuel, como muchos de los cometidos en esos años aciagos, fue para que nadie tuviera duda de que en Guatemala no era permitido salirse del estrecho guacal impuesto por los señores del terror. En esos años, el mundo civilizado se mostró asqueado por la forma en que actuaban las autoridades de un país que no atinaban a aplicar la Ley en vez de abusar de la fuerza para enfrentar al terrorismo. Mundialmente se produjeron condenas enérgicas en contra de quienes en los años más duros del conflicto, actuaban con el mayor de los cinismos para atacar a sus adversarios, reales o supuestos, para sentar ejemplares precedentes que advirtieran a todos sobre lo que esperaba a quienes no se sometieran a los dictados del poder de un Estado autoritario, bárbaro y también terrorista.

No deja de ser una paradoja que hoy, al celebrar el aniversario de la muerte de Manuel Colom Argueta, mismo que se enmarca en el contexto de lo que es el terror como política de Estado, estemos presenciando en la distancia la forma en que otros Estados actúan hoy, un cuarto de siglo más tarde, en idéntica forma, violando elementales derechos humanos y negando a las personas el derecho a juicios justos. Hemos visto cómo hasta las potencias mundiales que en su día fueron baluarte de la promoción del estado de derecho, de la defensa de los derechos humanos y ejemplo en cuanto al respeto a los derechos civiles, ahora recurren a la violencia terrorista como única idea que se les ocurre para enfrentar al terrorismo. La vieja aspiración de que a la violencia se le responda con el peso de la Ley, con la aplicación del derecho, es pura historia y no tiene vigencia en nuestros días.

Manuel Colom no era un líder terrorista, pero era la principal amenaza contra un sistema que no estaba dispuesto a ceder espacios a nadie y que bajo el pretexto de defender la libertad, anuló todas las libertades y derechos, incluyendo el mismo derecho a la vida. Creo que la experiencia nuestra se revive ahora que vemos cómo en el mundo las acciones de los Lucas García y compañía se convalidan por lo que hacen descaradamente los Sharon, Blair, Bush y compañía, quienes no vacilan en justificar la premisa de que la violencia se combate con más violencia y el terror con más terror.

Quienes no aceptamos entonces que el Estado no tuviera otros medios de defensa que el uso del terror, no podemos aceptarlo ahora. Quienes siempre creímos en la vigencia del estado de derecho tenemos que reclamarlo ahora, tanto en nuestras propias sociedades tan dadas al linchamiento (físico o moral) como en el mundo entero, donde cualquier líder democrático de pacotilla decide usar las armas más brutales para asesinar descarada y cínicamente a sus enemigos, cosas que antaño quedaban para los tiranos salvajes, los Somoza, los Trujillo, los Duvalier, los Stalin, los Idi Amín y los Lucas, para citar apenas a unos cuantos de los tiranos que establecieron el precedente que hoy siguen a cabalidad los líderes mundiales. La muerte de Meme todavía hoy nos hace temblar de indignación, sobre todo porque es tan actual la barbarie de Estado como hace 25 años.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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