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La gran estafa del Siglo XXI
Por Oscar Clemente Marroquín - 13 de abríl de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Cuando uno lee sobre la forma en que se manejaron los servicios de inteligencia antes del terrorífico atentado del 11 de Septiembre del 2001 y cómo el gobierno de los Estados Unidos no sólo ignoró claras advertencias sino que, además, manipuló los hechos para llevar al país a una costosa y sangrienta guerra contra engañando a su propia opinión pública en forma deliberada, no puede sino entender que estamos viviendo la gran estafa política del Siglo XXI y que posiblemente nunca se vuelva a repetir algo de similares proporciones y consecuencias para la humanidad. Porque evidentemente el capricho de un grupo de políticos, cegados por la ambición para hacer del tema de la seguridad interna un factor para la reelección que les permita seguir gobernando al país más poderoso de la tierra, ha significado no sólo esa fatal lucha en el Golfo Pérsico, sino el descalabro mismo del sistema del derecho internacional que pretendía, a través de Naciones Unidas, prevenir conflictos bélicos.

No cabe ya la menor duda que la administración norteamericana fue ineficiente para analizar y manejar la información de inteligencia que advertía sobre ataques contra importantes objetivos en territorio de Estados Unidos. Las advertencias llegaron a ser realmente muy claras y concretas, pero fueron ignoradas por los altos mandos de decisión política. Y una vez realizados los ataques de Bin Laden y su banda terrorista, la Casa Blanca aprovechó la coyuntura para llevar agua a su propio molino, librando una batalla de opinión pública para convencer a la gente que había que atacar a Irak y derrocar al gobierno de Hussein, no sólo para pasar una vieja factura pendiente en nombre del padre del Presidente, sino que también para aglutinar a la población alrededor de una causa patriótica que garantizara la reelección de Bush.

El engaño, sino embargo, duró hasta que los mecanismos de control que tiene el sistema político de Estados Unidos lo permitieron, toda vez que ahora nadie puede tener la menor duda de que la humanidad y la opinión pública de los Estados Unidos fueron víctimas de una de las mayores estafas políticas de toda la historia. Manipular los hechos como lo hizo la Casa Blanca, bajo la conducción del presidente Bush, de su Vicepresidente, de los secretarios de Defensa, Estado y Justicia, así como de los asesores de seguridad, es algo imperdonable desde todo punto de vista y debiera de tener un costo político para los republicanos culpables del engaño. Sin embargo, sabemos que la opinión pública es veleidosa y a pesar de que todo, tanto los descubrimientos sobre las fallas de inteligencia, como la manipulación de hechos para provocar una guerra y aun la crisis en la economía, apunta a una derrota de los republicanos, no se puede dar nada por descontado porque allá, como aquí, el dinero en política tiene mucho que ver y los grandes intereses económicos allá también juegan sus cartas y saben que nunca han estado mejor ni lo estarán que como bajo el gobierno actual.

Pero la humanidad no puede tener la menor duda y, sobre todo, hay que restañar las profundas heridas que Bush le causó al sistema de Naciones Unidas al pasar sobre la autoridad del Consejo de Seguridad. Tiene que haber una revisión profunda para que en el futuro no se repita que un fanático sea capaz de desatar una guerra por capricho. Es demasiado el riesgo que corre la humanidad cuando alguien torpe o malévolo, tiene el poder de desatar una conflagración de graves proporciones.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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