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La ONU tiene que rescatar autoridad moral
Por Oscar Clemente Marroquín - 27 de abríl de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Lo más grave de la decisión de Estados Unidos al realizar un ataque unilateral contra Iraq fue su menosprecio por el sistema de Naciones Unidas, lo que provocó un profundo menoscabo de la autoridad moral de ese organismo mundial cuya meta principal es la preservación de la paz mediante el respeto a las normas del derecho internacional. Hoy, forzado por las circunstancias, el gobierno del presidente Bush necesita que la Organización de Naciones Unidas asuma un papel determinante en la transición para trasladar el poder a los iraquíes en la fecha estipulada del 30 de junio y el Secretario General ya envió a su comisionado personal para iniciar los primeros contactos con el fin de hacer una transición en medio de las fuertes tensiones que se viven en Iraq.

La verdad es que Estados Unidos no se preocupó realmente por las cuestiones tácticas de la posguerra y la visión estratégica de generar cambios en todo el Cercano Oriente a partir del derrocamiento de Saddam Hussein y el establecimiento de una democracia en Iraq les cegó por completo. La falta de conocimiento de la historia y de las condiciones sociales, religiosas y políticas de la región les hizo suponer que tras el derrocamiento de Hussein serían aclamados como salvadores y que todo sería miel sobre hojuelas. Ahora, cuando las cosas se han complicado notablemente y las bajas siguen multiplicándose, el gobierno se siente presionado para buscar una salida que no signifique el reconocimiento del fracaso político de la estrategia y se vuelven los ojos a esa despreciada comunidad internacional representada por la ONU para que se haga cargo de correr el riesgo de una difícil transición.

Pienso que es el momento indicado para que el sistema de Naciones Unidas imponga sus condiciones con claridad para rescatar la autoridad que le fue arrebatada por la empecinada actitud de la Casa Blanca que no tuvo el menor respeto ni por las normas del derecho internacional y la carta de la ONU, ni por el informe de los inspectores de armas de la organización mundial que demostraba la ausencia de los arsenales que Powell presentó en aquella célebre sesión del Consejo de Seguridad que nos hizo recordar las patrañas del gobierno de Eisenhower en el mismo foro cuando se montó la operación para derrocar a Arbenz en Guatemala, guardando las distancias históricas del caso.

El precio de asumir la enorme responsabilidad de encargarse de la administración de un Iraq a punto de caer en una virulenta guerra civil no puede pasarse por alto y Estados Unidos está buscando una salida que permita al presidente Bush minimizar el impacto electoral de la situación en el Golfo Pérsico, pero la ONU tiene la obligación elemental de asegurarse a como dé lugar de que ello signifique un compromiso de la Casa Blanca de participar en el rescate de la autoridad perdida por Naciones Unidas.

El camote que para la ONU significa asumir responsabilidades en esa conflictiva región no es asunto fácil y hasta debiera exigirse que la decisión fuera adoptada por la Asamblea General, puesto que se trata de un paso sumamente serio y difícil que puede tener repercusiones graves. Sobre todo porque la ONU dependerá básicamente del respaldo militar de Estados Unidos para garantizar el orden público y cada día es más difícil ese objetivo debido al resentimiento que entre el pueblo iraquí ha generado la guerra misma.

El Secretario General de la ONU debe ser exigente y meticuloso para adoptar decisiones respecto al papel de la organización en esa guerra causada a espaldas de la misma ONU y, lo peor de todo, en perjuicio de su prestigio y autoridad moral.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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