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En la confianza está el peligro…
Por Oscar Clemente Marroquín - 11 de mayo de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Esta mañana, leyendo la columna de Paul Krugman en el New York Times, me acordé de esa frase que muchas veces repetía mi abuelo en las épocas difíciles, advirtiendo que cuando uno baja la guardia por sentirse en extremo confiado, es cuando más riesgo corre. Krugman señala que desde que Bush llegó al poder, exigió de los norteamericanos que confiaran en él y que luego de los atentados de Nueva York y Washington, la confianza en el Presidente se volvió un tema obsesivo para el gobierno. El resultado, según apunta el columnista, es que se fueron aflojando los controles que han hecho tan eficiente el sistema norteamericano porque en aras de la confianza se dejó de exigir la rendición de cuentas y el resultado está a la vista con los abusos ya conocidos en Iraq y los que aún están por conocerse en los nuevos vídeos que el Pentágono mantiene aún en secreto.

Cuando Bush dijo que las violaciones de los derechos humanos de los prisioneros no reflejan la naturaleza del pueblo norteamericano -dice Krugman-, pasó por alto que esos abusos no reflejan en realidad la naturaleza de ningún pueblo en el mundo porque la mayoría de habitantes del planeta son personas buenas, incapaces de torturar a sus semejantes. Pero los hechos ocurrieron precisamente porque todos, incluyendo a la prensa, bajaron la guardia y le otorgaron excesiva confianza al Presidente en tiempos de guerra, al punto de que no existió ninguna exigencia para que rindiera cuentas. Bastaba que Bush ordenara las batallas para que las mismas fueran aceptadas como justas, aun ante la evidencia absolutamente abrumadora de que el gobierno fabricó el caso contra Iraq a partir de falsedades.

Estoy leyendo ahora el libro de Woodward, Plan de Ataque, y en los primeros capítulos se hace evidente que el gobierno tenía, aun antes del 11 de Septiembre, la obsesión de atacar a Hussein y cuando Rumsfeld ordenó al Estado Mayor la elaboración de los planes de guerra, habló de suposiciones en cuanto a las armas de destrucción masiva y en cuanto a vínculos de Bagdad con Al Qaeda. El pueblo norteamericano y la prensa de ese país, decidieron confiar ciegamente en su Presidente y el resultado empieza a ser dramático. Y más lo será cuando se conozcan los efectos de la ley conocida como Acta Patriótica, impulsada por el departamento de Justicia y en nombre de la cual se han cometido ya muchas injusticias.

Y el tema vale la pena trasladarlo a nuestro propio enfoque de la realidad nacional en Guatemala. Aquí también, luego del desbarajuste político del gobierno anterior, se estableció un régimen de gran confianza en las nuevas autoridades, al punto de que nadie está pensando en rendición de cuentas, en parte porque reclamarlas puede parecer de alguna manera una defensa del FRG y su régimen. La confianza tiene que tener como fundamento la aplicación de mecanismos adecuados de rendición de cuentas. Los norteamericanos le llaman "accountability" y entre ellos supuestamente es más fácil porque existen los mecanismos institucionales, además de los políticos y de opinión pública, para fiscalizar la labor de quienes ejercen el poder. Pero en países como el nuestro, donde carecemos de la institucionalidad fiscalizadora y el Congreso no llega a jugar el papel vigilante que tiene el Congreso de Estados Unidos, es indispensable que preservemos los pocos mecanismos de rendición de cuentas y, para ello, hay que recordar básicamente que en la confianza está el peligro, porque amparados por la aureola de honestidad y la forma en que la población y la prensa confían en todo el aparato de gobierno, pueden ocurrir situaciones que luego el mismo gobierno tendría que lamentar. En política, la confianza es pura y burda candidez.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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