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El alto precio de ser falderos
Por Oscar Clemente Marroquín - 12 de junio de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Primero fue el pueblo de España, con la elección de marzo último, y ahora correspondió al pueblo inglés. En ambos casos, los electores pasaron la factura a los perros falderos del señor Bush y castigaron severamente en las urnas a quienes embarcaron a sus países en una guerra que violentó el orden jurídico internacional por el simple capricho del Presidente de los Estados Unidos. En el caso de Tony Blair todavía seguirá siendo inquilino de la residencia oficial del Primer Ministro, puesto que las elecciones no eran del parlamento, pero todo indica que sus días están contados porque su partido quedó reducido al insólito papel de tercera fuerza. Históricamente los laboristas (partido de Blair) y los conservadores han sido los partidos dominantes del escenario británico, pero ahora el partido liberal sobrepasó a los laboristas como resultado del castigo de los electores a la indigna posición del gobierno que engañó a su pueblo para servir a la Casa Blanca.

Cuando uno ve que el nuevo orden mundial está trastocado porque lo que prevalece es el capricho del gobernante de la mayor potencia mundial, quien se pasa literalmente por el arco del triunfo todas las normas de la convivencia internacional, no deja de ser gratificante ver que los pueblos son capaces de retomar el camino de la dignidad y del Estado de derecho, castigando a los que se prestaron para ser comparsa en uno de los mayores engaños de la Historia de la Humanidad, como lo fue todo el montaje sobre los tenebrosos arsenales de armas químicas, biológicas y atómicas en poder de Saddam Hussein para justificar una guerra que obedecía a una mezcla de intereses personales. Por un lado un presidente que quería terminar el trabajo que su papá no pudo hacer y, por el otro, la visión equivocada de que mediante una guerra de esa naturaleza se podría aglutinar al electorado norteamericano para asegurar la reelección presidencial.

Ni Aznar ni Blair son brutos o, como hubiera dicho el señor Chirac, estúpidos. Ambos sabían que el caso de Iraq era insostenible pero en su afán por quedar bien con Estados Unidos y en la creencia de que ello los colocaba como los líderes más respetables del mundo porque estaban actuando a la par del amo y señor del Universo. En otras palabras, no actuaron bajo engaño, sino que fueron realmente comparsas del engaño y así lo entendió perfectamente la población de sus respectivos países al pasarles una factura tremenda. En el caso de Aznar hasta hay que decir que si el factor económico es y ha sido siempre determinante en las elecciones, el pueblo español hubiera tenido razones suficientes para quedarse con el Partido Popular, pero el castigo fue por la política exterior que comprometió la seguridad misma del país, al exponerlo al terrorismo mundial.

Falta ver si el electorado de los Estados Unidos también decide que no es prudente tener a un fanático en la Casa Blanca y a un equipo tan incompetente como el que rodea al señor Bush. Sobre todo entender que el papel de principal potencia mundial implica una responsabilidad, porque si bien tienen la capacidad de atacar a cualquier otro país del mundo, ello no puede ser simplemente consecuencia de arrebatos, sino que precisamente por esa fuerza y poder, es imperativo apuntalar el derecho internacional para que prevalezca la paz.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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