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Iraq "recupera" su soberanía
Por Oscar Clemente Marroquín - 28 de junio de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

La ventura de la guerra en Iraq entró en una nueva etapa ahora que, de manera anticipada y para salir al paso de una ola de atentados que se temían en los dos próximos días, el procónsul norteamericano resignó su poder para entregarlo a las autoridades designadas por ellos con el visto bueno de las Naciones Unidas. Oficialmente se habla de la restitución de la soberanía a ese país luego de la ocupación militar de los Estados Unidos, aunque es sabido que el nuevo gobierno depende sobre todo del respaldo que le puedan brindar las tropas norteamericanas, sobre las que no tendrá autoridad y es concepto mundialmente aceptado que quien tiene el poder de las armas es quien realmente manda en cualquier lugar del mundo.

En el pasado mes de marzo, cuando estaba por salir de prensas el libro de Bob Woodward sobre el plan de ataque montado por Bush, Cheney y Rumsfeld para derrocar a Saddam Hussein, el autor consignó en el epílogo detalles sobre cómo pretendía Bush que la historia juzgara su acción en ese país. En ese momento no estaba tan urgido por devolver la soberanía ni, mucho menos, por otorgar un papel a las Naciones Unidas en la construcción de lo que han dado en llamar la democracia en la región del Golfo Pérsico. Los acontecimientos de los últimos meses hicieron que cambiara el enfoque, puesto que cada día es más evidente que no han logrado consolidar la paz en Iraq y que el cacareado esfuerzo por librar una guerra para proteger los valores fundamentales y los derechos humanos (ya que no encontraron las armas de destrucción masiva) quedaron despedazados a la luz de las revelaciones de lo ocurrido con los prisioneros de guerra y el trato cruel e inhumano que se les dispensó.

La "devolución de la soberanía" a Iraq y el creciente papel de Naciones Unidas en el proceso, es resultado de las necesidades electorales del presidente Bush. Yo sostengo que la guerra perseguía, fundamentalmente, aglutinar al pueblo norteamericano tras la figura de un comandante en jefe aguerrido, capaz de usar la fuerza en la defensa de los intereses vitales del país en una guerra difícil contra toda forma de terrorismo, incluyendo en ese paquete al régimen de Bagdad. En teoría, y así lo hicieron ver los asesores políticos de la Casa Blanca, el pueblo tendría que cerrar filas en una situación de guerra para reelegir a su Presidente que se estaba mostrando como un líder definido a la hora de los cachimbazos.
Pero el resultado de la campaña en el Golfo Pérsico no resultó como esperaban. Primero porque los fiascos de inteligencia hicieron que la propaganda sobre la necesidad de enfrentar a un régimen armado hasta los dientes con arsenales químicos, bacteriológicos y hasta nucleares, se convirtiera en un revés para un gobierno sobre el que pesa la duda de si fue engañado por sus espías o deliberadamente usó falsedades para engañar a su pueblo. Luego la idea de que serían abrazados como libertadores por el pueblo sojuzgado por la dictadura de Hussein no llegó tampoco a concretarse y lejos de ello, el costo que han pagado los soldados con la pérdida de vidas humanas ha sido demasiado alto.

Pero hoy mismo se conoce otro detalle más desalentador y preocupante. La Corte Suprema de Estados Unidos votó seis a tres para declarar que el gobierno tiene poder suficiente, delegado por el Congreso con el Acta Patriótica, para mantener detenidos a ciudadanos norteamericanos sin formularles cargos. Uno de los valores fundamentales del "estilo de vida americano", la vigencia de los derechos civiles y las garantías a los derechos humanos, ha sido sacrificado en aras de la guerra contra el terrorismo, confirmando que los terroristas están ganando la batalla porque no sólo hay más atentados desde que se inició esa fatídica guerra, sino que la primera y más notoria víctima es el régimen de los derechos civiles en los Estados Unidos.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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