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La lucha de Carlos Enrique Wer
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 2 de agosto de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Hace unos quince años inicié mi amistad con Carlos Enrique Wer, un guatemalteco que lucha día a día por la Guatemala en la que cree y que pese a las adversidades económicas siempre encuentra tiempo para prodigarse por los demás. Algunos lo consideran muy testarudo porque es tal la pasión con la que asume sus luchas que genera naturales controversias, pero en un país donde la gente tiende tanto a acomodarse y a cambiar su pensamiento renunciando a sus principios, ese tipo de terquedad resulta digna de encomio aunque cause tantos resquemores y moleste a algunos.

Poca gente he conocido con esa disposición a trabajar por los demás con tanto desinterés por las cuestiones materiales. Quique Wer es un caso raro porque en el tiempo que llevo de conocerlo jamás le he visto un gesto de ambición personal o alguna intención para querer aprovecharse de las circunstancias en su propio beneficio. He conocido su forma y estilo de vida y honestamente hablando creo que la suya es casi un apostolado por un país al que ama con una entrega entrañable. Se resiste a aceptar que Guatemala sea un país que no tiene futuro y que nos conformemos con irla pasando, como hacemos con tanta frecuencia, lo que lo lleva a incursionar por distintos campos para impulsar proyectos que tienen mucho de quijotadas, pero que tienen el común denominador de buscar el beneficio de quienes han estado marginados.

Por supuesto que Carlos Enrique Wer no puede ser un santo ni, mucho menos, monedita de oro para caerle bien a todo el mundo; su postura siempre beligerante, siempre participativa, le ha generado abundantes enemistades y no faltan los que lo critican y pretenden descalificar sus luchas. Aun entre sus hermanos cadetes del 2 de Agosto, el movimiento que él se ha dedicado a enaltecer como muestra de la dignidad de aquellos jóvenes miembros de la academia militar que se enfrentaron con el llamado Ejército de Liberación, tiene sus detractores porque él es incapaz de guardarse sus opiniones para no molestar. Si algo piensa, lo dice de manera abierta y frontal, aun a costa de las dificultades personales que le han marcado tanto en la vida.

Cuando empezó a escribir en La Hora, hace ya buenos lustros, Quique Wer seguía siendo parte de un movimiento que para entonces estaba conformado por gente que el sistema consideraba apestados. En gran medida, y eso me consta, a él se debe que la gesta de los Cadetes del 2 de Agosto de 1954 haya alcanzado la dimensión que hoy tiene, al punto de que este día ha sido declarado "Día de la Dignidad" por el Congreso de la República, en reconocimiento a la actitud de esos muchachos, muchos de ellos jóvenes imberbes, que tomaron las armas cuando vieron que sus jefes simplemente rindieron las suyas ante la imposición de Puerifoy y compañía.

Pero si en un principio la lucha de Quique Wer fue para reivindicar la verdadera importancia de aquella gesta histórica, la forma en que se ha ido especializando en temas económicos, en el estudio de nuestra realidad y en el trabajo con las comunidades es igualmente importante. De ser promotor del desarrollo rural mediante el impulso de los abonos orgánicos a su trabajo con los reos de Pavón para reinsertarlos en la sociedad, lo que cambian son las personas objeto de sus desvelos, pero no su entrega desinteresada en trabajos que siempre realiza tan ad honórem como su vida a tres menos cuartillo. Nunca amasará fortuna en los términos que reconocemos generalmente como tal, pero siempre será un hombre rico en satisfacciones porque da lo mejor de sí y se entrega con total cariño a las causas en las que cree.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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