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Bush, "el defensor de la vida"
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 10 de agosto de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

La señora Laura Bush tomó a su cargo la defensa de la política del Presidente respecto a la investigación en células embrionarias luego del frontal ataque que recibió el gobierno cuando el hijo del fallecido Ronald Reagan habló en la convención del Partido Demócrata para condenar la política restrictiva respecto a la posibilidad de desarrollar cura contra ciertas enfermedades, entre ellas el Alzheimer que afectó al desaparecido político, mediante el uso de esas células. El padre de la Primera Dama también fue víctima de ese mal y por lo tanto nadie mejor que ella, a ojos de los republicanos, para responder al ataque recibido de la familia Reagan.

Bush vuelve ahora a presentarse como el defensor de la vida en medio del aplauso de las huestes más conservadoras. Es el mismo Bush que como gobernador no vaciló ni una sola vez en mandar a ejecutar a los condenados a muerte y que cree firmemente en el derecho del Estado a eliminar físicamente a los criminales, aunque no puedan gozar de una absoluta e incuestionable defensa como es el caso de los miembros de las minorías negra y latina que son la mayoría de los que terminan siendo ejecutados.

Pero es el mismo Bush, defensor de la vida, quien inventó pretextos inexistentes para fabricar una guerra con fines eminentemente políticos, en busca de su reelección, quien ahora habla de la defensa de los no natos. ¿Y la defensa de los habitantes de Iraq? ¿Y la de los soldados norteamericanos que han ofrendado su vida en esa guerra? ¿Acaso en términos de valorar la vida humana hay que establecer escalas en las que quienes no han nacido están sobre los que ya lo hicieron? Yo creo que en esto hay una terrible doble moral, porque no puede ser que se convierta en defensor de la vida quien provocó con falsos y mentirosos argumentos una guerra que ha costado ya decenas de miles de vidas, contando a las inocentes de Iraq que pagaron el pago de la ambición política reeleccionista del mandatario de Estados Unidos.

Creo que el mundo entero tiene que luchar contra las distintas formas de terrorismo y que en ese sentido hay una guerra que librar y que la misma no será incruenta. Pero quienes creen estar del lado del bien no pueden recurrir a las artimañas del mal; no puede ser que el mundo se pervierta para combatir al terrorismo, que elimine las libertades de sus propios ciudadanos para dar más poder discrecional y mayor capacidad asesina a sus propios combatientes. No puede ser que se use la guerra contra el terrorismo como un arma en la política electoral ni, mucho menos, que se fabriquen pruebas para provocar una guerra en la que ya murieron demasiadas gentes y todavía han de morir más.

Pero, eso sí, la defensa de las células embrionarias, muchas de las cuales jamás iban a prosperar, le convierte en campeón de la defensa de la vida. A veces uno piensa que el mundo da asco por la forma en que se manipulan los valores y se juega con los sentimientos de la gente. Si defendemos el derecho a la vida, lo tenemos que hacer siempre y en todos los casos, no sólo cuando nos conviene políticamente ni por posturas de fanatismo.

Yo creo que la ciencia tiene que estar al servicio del hombre y que la investigación que permita superar enfermedades terribles, como el Alzheimer y el cáncer, tienen que ser privilegiadas. Pero aun si aceptara como válido el argumento de Bush respecto a la protección de las células embrionarias, me parecería una soberana y cínica hipocresía porque no puede ser que hable en nombre de la defensa de la vida quien en todos sus actos hace gala por el desprecio de la vida de sus semejantes.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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