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La felicidad del presidente Berger
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 22 de septiembre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

El presidente Óscar Berger no pudo contener la alegría cuando saludó al presidente George Bush, y la fotografía difundida por Prensa Asociada es elocuente; mientras el hombre más poderoso del mundo saluda y dirige su atención a una persona no identificada, el mandatario guatemalteco lo tiene literalmente agarrado con el abrazo, mientras su gesto demuestra algún grado de incredulidad por la fortuna que tuvo al tener la suerte de estrechar al gobernante norteamericano. En general, el viaje a Nueva York parece haberle sentado muy bien al mandatario guatemalteco, puesto que tanto en su periplo por el Yankee Stadium, la catedral del béisbol para quienes seguimos a ese controversial equipo, como en las fotografías con el Secretario General de la ONU y con el Presidente de Brasil, el presidente Berger es incapaz de ocultar su alegría y felicidad.

Creo, sin embargo, que la foto con Bush es desafortunada, porque cierto que es una instantánea y como tal recogió un preciso instante del encuentro entre ambos jefes de Estado, pero el rostro embelesado del de Guatemala frente a un Bush que está ocupado saludando a alguien más, recogió posiblemente el momento menos afortunado de la jornada. Sobre todo porque hay que recordar que un gobernante de una u otra manera está investido no sólo de la autoridad inherente al cargo, sino de la dignidad ya no de su investidura sino de todo el país que representa.

Por ello fue que yo critiqué mucho el gesto del presidente Álvaro Arzú, cuando al recibir el premio Príncipe de Asturias caminó hacia atrás para no darle la espalda al Príncipe ni a los otros miembros de la familia real española. Pero olvidó nuestro entonces gobernante que él tenía la misma jerarquía que el mismo Rey de España y por lo tanto no había razón protocolaria que justificara que de manera sumisa, cual si hubiera sido súbdito de Su Majestad, tuviera que recorrer el trayecto desde el estrado hasta su sitio caminando de reculada. No era simplemente Álvaro Arzú quien estaba haciéndolo, sino que era el Presidente de una nación soberana y por lo tanto el gesto resultó totalmente impropio.

Posiblemente el efímero momento en el que Berger se le quedó viendo a Bush con el rostro que aparece en la foto no haya sido percibido ni siquiera por el mandatario de Estados Unidos, pero es una muestra de cuán cuidadosos tienen que ser los jefes de Estado hasta en sus gestos, porque ni siquiera en la foto que se le tomó a Clinton cuando de jovencito fue a visitar a John Kennedy en la Casa Blanca junto a decenas de estudiantes destacados, se pudo ver tanta emoción por saludar al presidente del país más poderoso de la Tierra.

Yo no comparto el criterio de algunos que critican al Presidente por haber ido a un juego de béisbol y ni siquiera por haberse puesto un sudadero del equipo de sus simpatías, tema que ha sido objeto de caricaturas burlescas. Pero creo que en funciones oficiales tiene que recordar en todo momento que él representa la dignidad de un país y actuar de conformidad. Puede ser que se diga que la fotografía captó un desafortunado momento, y lo más seguro es que así sea. No se trata de criticar por criticar al mandatario, sino de recordarle que él representa a todo un país digno, soberano y que como tal debe procurar que todo tratamiento con otros colegas refleje el mutuo respeto que debe prevalecer en el trato bilateral. Si Bush se volteó a saludar a alguien más mientras hablaba con el Presidente de Guatemala, no mostró la respetuosa educación que merece cualquier jefe de Estado.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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