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Descalificando la voz de los obispos
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 30 de septiembre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Son tantos y tan jugosos los intereses en juego que es natural que se produzca un fuerte ataque contra los miembros de la Conferencia Episcopal que han criticado la política del Estado en materia de minería y en relación a las hidroeléctricas en áreas protegidas. Porque hasta donde sé, los obispos no son tan ciegos como para oponerse a cualquier proyecto de generación de electricidad utilizando la fuerza hidráulica, sino que simplemente cuestionan la posibilidad de que se construyan represas en áreas protegidas que causarían un deterioro terrible al medio ambiente.

En el caso de la minería la posición es puntual, puesto que existen experiencias suficientes para saber que la explotación minera en las condiciones que han planteado es absolutamente dañina, porque haría falta una enorme capacidad del Estado para forzar a los inversionistas a gastar enormes cantidades en la implementación de los modernos y caros procedimientos para reducir la contaminación y todos sabemos que en Guatemala no hay capacidad para ejercer esa función reguladora. El Estado ha demostrado con cuestiones como la electricidad y la telefonía, que es incapaz de jugar un papel regulador en protección del interés común cuando tiene que enfrentar los intereses de los inversionistas.

Obviamente entre los obispos no hay ningún geólogo ni ningún ambientalista formado científicamente, pero tampoco el Gobierno tiene muchos de ellos y uno de los que tiene, el Ministro de Medio Ambiente, ha coincidido con los obispos y no con las autoridades del Ministerio de Energía y Minas. Además, no hace falta que los obispos sean expertos en minería, puesto que basta el sentido común para entender la realidad. Como decía mi abuelo, uno puede no saber hacer naranjas, pero cuando pela una y se la empieza a comer, inmediatamente sabe si la misma es dulce o agria.

Yo he sostenido que el tema tiene que ser discutido con más amplitud; no creo que se deba dar por buena la voz de los obispos ni que simplemente porque son los pastores de la Iglesia debamos acatar su criterio, pero tampoco pienso que se les pueda mandar al diablo bajo el argumento de que ni son expertos ni están actualizados. Los obispos de Guatemala han tenido históricamente una sana preocupación por los asuntos del país y por los intereses de la población, especialmente opinando en la dirección que marca su responsabilidad en materia social. El tema de la minería tiene demasiadas implicaciones como para pretender que del mismo sólo opinen los peritos en minería, puesto que hay implicaciones de orden social, económico y ecológico que tienen que ser tomadas en cuenta.

La idea del Presidente de llevarse al Cardenal a visitar las minas para que vea cuán maravillosa es la inversión extranjera es absurda, puesto que ni modo que los inversionistas le van a enseñar al prelado cómo es que destruyen el medio ambiente. Le dirán cómo se puede preservar el mismo y que existen técnicas adecuadas para hacerlo, pero la verdad es que hace falta determinar cuánto cuesta implementarlas y cuánta capacidad tienen nuestras autoridades para exigirlas sin que la corrupción tenga nada que ver en la jugada.
Por ello repito que el tema tiene que ser objeto de una discusión más amplia y alejada de esa cerrada y obtusa visión que enfrenta a Obispos con el Presidente. Si a conocimientos técnicos vamos, ni unos ni otro conocen a fondo la materia, pero ambos pueden orientar y facilitar el debate para lograr lo mejor para Guatemala.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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