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Relatividad en el respeto a la vida
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 9 de octubre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Anoche, en el debate televisado entre Bush y Kerry, volvió a verse cuán escasas son realmente las diferencias entre las dos plataformas políticas en materia de política exterior porque uno y otro pretenden actuar como gendarmes del Mundo con la única diferencia que el primero lo quiere hacer como vaquero del viejo oeste y el otro pretende que sea una acción colegiada que tenga el respaldo de otros líderes, como Blair, de quien un intelectual inglés dijo estos días que es el papel higiénico de Bush.

Uno de los puntos en los que se marcó la diferencia fue el relacionado con el aborto. Kerry fue preguntado sobre qué le diría a electores que no creen en el aborto en cuanto al uso de recursos del contribuyente para financiar su práctica en clínicas financiadas con recursos federales. La respuesta de Kerry me pareció muy honesta e interesante. Dijo que él es católico y que no está personalmente a favor del aborto, pero que como político y como estadista tiene que someterse a lo que establecen las leyes de su país y el derecho de la mujer a escoger no puede ser suprimido por sus propias creencias religiosas. Dijo que él cree que hay medios para aconsejar a las mujeres de manera que eviten el aborto y alternativas que deben ser debidamente divulgadas, pero que mientras exista una legislación que contemple ese derecho, siente el deber de trabajar para impedir que se ponga en peligro la vida de la mujer en clínicas que operen casi clandestinamente y sin recursos.

Por supuesto que Bush saltó para presentarse como el campeón en el respeto por la vida y criticó seriamente el tema del aborto. Y uno diría que alguien como él, con tanta preocupación por la vida desde el momento de la gestación, tendría que tener igual o mayor preocupación por la vida no sólo de sus propios soldados sino de los habitantes de Irak que han muerto a lo largo de un conflicto desatado por puras ambiciones políticas. No deja de ser irónico, como siempre he dicho, que los más fervientes defensores de la pena de muerte y del uso de la fuerza en la política exterior, son los que se presentan como defensores a ultranza de la vida de los seres por nacer.

Me parece mucho más respetable la posición de Kerry que la hipócrita de Bush. Porque si el día de mañana un miembro de la religión islámica, por ejemplo, fuera electo Presidente de Estados Unidos nadie querría que impusiera que todas las mujeres de ese país tuvieran que usar velo para cubrirse la cara. Una cosa son las creencias religiosas de los dirigentes y de los políticos y otra su actitud frente a cuestiones que afectan e interesan a personas que no comparten sus mismas creencias.

Pero lo más irónico es que el defensor de la vida es aquel que provocó la muerte de decenas de miles de personas por un capricho, acaso porque quería vengarse del plan que tuvo Hussein para matar a su padre cuando dejó la Presidencia o más malévolamente porque sabía que su única posibilidad de reelección era apelando a los sentimientos de patriotismo de su pueblo alrededor de una guerra como la de Irak.

Cuántos niños huérfanos hay en la región del Golfo Pérsico y en Estados Unidos por la decisión de Bush de ir precipitadamente a la guerra para desmantelar los inexistentes arsenales de armas químicas y bacteriológicas. Pero los que, como él, defienden la vida del nonato, aplauden la pena de muerte y el uso del garrote en política exterior porque, al fin y al cabo, es muy relativo eso del respeto a la vida.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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