Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

De la nostalgia hacia una visión de futuro
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 19 de octubre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Cuando se habla de la gesta del 20 de Octubre de 1944 que permitió poner fin a la dictadura para abrir un espacio que con justicia ha sido calificado como la Primavera Democrática de Guatemala, generalmente observamos una gran dosis de nostalgia por los tiempos idos y por los logros de aquellos diez años que, sin llegar a constituir una revolución en el sentido más propio del término, sí escenificaron la mayor transformación vivida por el país durante el siglo pasado.

Y son muchos los revolucionarios que han quedado atrapados en las viejas glorias de ese movimiento que tuvo su raíz en la lucha contra la dictadura de Jorge Ubico y que encontró en los estudiantes universitarios de la época su fuerza más importante. Pero siempre que hablamos del 20 de Octubre lo terminamos haciendo con esa visión de añoranza, lo que sin duda es consecuencia de que hemos tenido tan pocas experiencias de avances significativos e importantes que aquella gesta sigue siendo un auténtico parte-aguas en la historia nacional, como antes lo fue la revolución liberal de Barrios. A diferencia de la lucha popular para derrocar a Estrada Cabrera, encabezada por el Movimiento Unionista, la Revolución de Octubre produjo transformaciones tan importantes que muchas de ellas siguen siendo pilares de la sociedad guatemalteca de hoy, mientras que los líderes de la acción de 1920 lo que hicieron fue salir del tirano, pero preservando las viejas estructuras del poder.

Siempre he pensado que la fecha del 20 de Octubre nos debiera servir como una referencia hacia el futuro, para entender que a pesar del carácter ultraconservador de nuestro pueblo, es posible realizar procesos de modernización que nos permitan ponernos a la altura del resto de naciones. Eso fue lo que pasó en el 44, cuando del oscurantismo impuesto por la dictadura, se pasó a una época en la que no sólo se privilegió la libertad, sino también se dio importancia a la educación, la cultura, el desarrollo socioeconómico y una mayor presencia de Guatemala en la escena internacional.

Después de esa experiencia, lo que hemos tenido es una sucesión de gobiernos de distinto tipo y tendencia, pero que han sido simplemente administradores de la crisis, sin que durante sesenta años hayamos vivido una experiencia transformadora similar que nos sirva, cuando menos, para actualizar al país. Por el contrario, cada año que pasa notamos que en el plano social el rezago de Guatemala es mayor, al punto de que nos hemos ido quedando a la cola de Centroamérica y ocupando uno de los últimos lugares del continente en cuanto a la oferta de satisfactores sociales.

No debiera hacer falta un movimiento armado o un cuartelazo para impulsar esos cambios; pero sí tendríamos que entender que sesenta años después de la gran transformación sufrida por la sociedad guatemalteca, hace falta un nuevo impulso creador porque nos hemos convertido en un pueblo que va arrastrando su miseria y su falta de esperanza. De nada sirve recordar con nostalgia el pasado y las glorias producto de los cambios que permitió el movimiento encabezado por esa juventud brillante y honesta del 44, si no es para que nos estimule para entender que es posible generar un compromiso como aquel, creador, innovador y propositivo. Claro está que las tareas son ahora mucho más grandes porque también los problemas son mayores, pero eso debiera ser sólo el acicate para que quienes creemos y queremos una Guatemala diferente asumamos el compromiso de trabajar para su construcción.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.