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¿Es posible un fraude electoral en EUA?
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 26 de octubre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Yo creo que antes del año 2000 la mayoría de la opinión pública internacional hubiera contestado negativamente a una pregunta como la que utilizo para encabezar este comentario. Poca gente habrá leído de la forma en que el alcalde Daley de Chicago fue cuestionado en 1960 durante la elección de John Kennedy que también se decidió por muy pocos votos, pero lo ocurrido en Florida hace cuatro años, cuando George W. Bush ganó el Estado con una ventaja de poco más de 500 votos y el asunto fue zanjado por una polémica decisión de la conservadora Corte Suprema de Justicia, abrió los ojos al mundo sobre las debilidades del sistema electoral norteamericano que no difiere mucho del de otros países, aunque allá no se estila que observadores internacionales supervisen las elecciones.

Según publicaciones de los últimos días en importantes medios de comunicación de Estados Unidos, las anomalías en el proceso electoral son posibles y pueden tener importancia en una elección que parece ser muy reñida. Florida sigue siendo uno de los puntos críticos, no sólo por la existencia de un deficiente sistema de votación que utiliza máquinas no confiables, sino que también porque el control que del Estado tiene el Gobernador, hermano del presidente Bush, hace que se mantengan los temores de una alteración de resultados similar a la que evidentemente ocurrió en el año 2000.

Una de las cadenas de televisión ha anunciado para mañana un reportaje en el que tratarán de establecer si todos los votos recibidos por computadoras son realmente contados como fueron emitidos. En pocos lugares del mundo coexisten tantos modos para emitir el sufragio como en Estados Unidos, donde a veces son decisiones municipales las que determinan la forma del sufragio que van desde la vieja práctica manual, hasta la más sofisticada tecnología por computadora. Y el norteamericano no ha sido suspicaz y en la última elección demostró que no reacciona ni siquiera ante la certeza indiscutible de un masivo fraude electoral que fue apañado por una Corte cuyos integrantes, en su mayoría, fueron nombrados por los gobiernos conservadores de Reagan y Bush padre.

En nuestros países generalmente se toma muy en cuenta la opinión de observadores internacionales, pero seguramente que ni el Centro Carter ni la Organización de Estados Americanos tendrán una misión de observación en las elecciones de Estados Unidos ni Washington permitiría tal intromisión en los asuntos propios de los norteamericanos. Sería tanto como pretender que los países de América pretendieran descertificar a Estados Unidos por su política para contrarrestar el consumo de la droga y por comprometer la paz y la estabilidad en estos lares debido a la creciente demanda de estupefacientes en el mercado norteamericano.

Al fin y al cabo, ser la única potencia mundial tiene sus ventajas y entre ellas está la de no tener que rendirle cuentas a nadie. Si hay un fraude electoral en Estados Unidos no pasaría de ser una cuestión anecdótica y jamás algo como lo que sería un fraude en un país como el nuestro, al que la presión internacional sometería para corregir las cosas e impedir que fuera investido un presidente electo en forma fraudulenta. Allá no sólo se aceptó, sino que ese presidente llevó al país a una costosa y dolorosa guerra, lucrativa para sus amigos, y ahora está con gran posibilidad de ser electo otra vez, sea por las buenas o por las malas.

Fuente: www.lahora.com.gt


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