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Palestina sin Arafat: ¿Más o menos violenta?
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 5 de noviembre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

En los últimos cuatro años el proceso de paz en el Cercano Oriente ha sufrido marcados retrocesos debido a la combinación de una política menos tolerante de Israel y la complacencia del gobierno de Estados Unidos. Una de las figuras más polémicas en todo el proceso ha sido Yasser Arafat, fundador del movimiento para la liberación de Palestina y partícipe de los esfuerzos que alcanzaron su punto culminante cuando suscribió con Yitzhac Rabin el más avanzado acuerdo de paz que se truncó tras el asesinato del Primer Ministro de Israel.

Asumir compromisos como los que implicaba ese acuerdo de paz, logrado con la colaboración del presidente de Estados Unidos Bill Clinton en jornadas agotadoras y complicadas de negociación, significó enorme sacrificio para ambos dirigentes, al punto de que Rabin pagó con su vida la determinación de avanzar hacia una paz firme en el Cercano Oriente y Arafat enfrentó serias divergencias con los grupos más radicales que cuestionaron las concesiones hechas en el marco de tales acuerdos.

La historia, para desgracia suya, terminó dando la razón a los radicales porque ya con Benjamín Netanyahu y luego con Ariel Sharón, se demostró que en Israel no había real voluntad de paz mediante el pleno reconocimiento del Estado Palestino que era parte crucial de los acuerdos iniciales. Desde la muerte de Rabin, la posición de Arafat fue complicada porque los grupos más radicales que sostienen que sin la presión del terrorismo no lograrían consolidar la creación del Estado Palestino, sintieron que la razón les asistió cuando cuestionaron la decisión del líder de la OLP de suscribir los acuerdos con Israel.

En ese sentido, y pese a su pasado violento y a su lucha tenaz por lograr el reconocimiento al Estado Palestino, sin duda que un Cercano Oriente sin Arafat no se aproxima más a la estabilidad y la paz, aunque su autoridad moral estaba ya profundamente minada por las acciones de Israel que lo tenían confinado y que le restaba poder y autoridad para negociar en nombre de su pueblo. Lo más probable es que la gente del Hamas asuma ahora posiciones más determinantes y ello significaría un endurecimiento del proceso porque a la intransigencia de Israel, que es absolutamente brutal, se tendrá que sumar el apoyo manifiesto de Estados Unidos por cuatro años más para una política que rechaza las bases de los acuerdos de paz del 93.

El histórico apretón de manos entre Rabin y Arafat en la Casa Blanca significó mucho más que un gesto para la foto; fue producto del notable esfuerzo que hizo Clinton por evitar el fracaso de los acuerdos y por hacer que ambos guerreros confiaran mutuamente en sus compromisos. Rabin perdió la vida por honrar su palabra, y Arafat perdió el poder político que siempre lo mantuvo como líder indiscutible de la OLP y del pueblo palestino en su lucha por el reconocimiento.

La posibilidad de que Arafat muera, como consecuencia de dolencias que no pudieron ser tratadas debido al confinamiento a que lo obligó Sharón, no hará sino complicar la vida a los que sufren el conflicto del Cercano Oriente porque, sin duda, una Palestina sin Arafat será mucho más violenta y la contención que significó su compromiso con los acuerdos, pese a la burla israelí, desaparecerá el día que muera. Por ello es que la previsión es un mayor endurecimiento de las posiciones, mayor confrontación y, por ende, más sangre y violencia entre palestinos e israelíes.

Fuente: www.lahora.com.gt


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