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El Día del Periodista Guatemalteco
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 30 de noviembre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

Indudablemente, las condiciones en que los periodistas guatemaltecos hemos celebrado en los últimos años el Día del Periodista son abrumadoramente distintas a las condiciones que prevalecían en el país hace apenas unos cuantos lustros. Una de las profesiones más castigadas por el conflicto armado interno fue la de los comunicadores sociales, puesto que por la naturaleza misma de sus funciones y la existencia de férreos mecanismos para controlar a la opinión pública, la prensa se convirtió en blanco de tirios y troyanos.

Pero desde la aprobación de la actual Constitución, mucho antes de que se firmara la paz, el papel de la prensa ha sido distinto y aunque hay casos de represión física y de cerco económico, la verdad es que los guatemaltecos en general y los periodistas en particular hemos gozado de mucha más amplitud para opinar, criticar y hasta para insultar. Ha sido un tránsito difícil, puesto que no estábamos acostumbrados al ejercicio de la libertad y hemos tenido que ir aprendiendo a ejercitarla responsablemente, lo cual no siempre es fácil.

Existe, sin embargo, una nueva preocupación que puede percibirse en el ambiente y tiene mucho que ver con la forma en que nos comportamos los que dirigimos los medios de comunicación social, puesto que si bien institucionalmente no hay censura ni represión deliberada contra la prensa, es cada vez más notorio que se están imponiendo agendas particulares que tienen que ver con intereses que no necesariamente tienen que ser los de la informe opinión pública. Además, el creciente costo de la comunicación social hace que se vayan consolidando grupos poderosos en el control de los medios y que éstos coincidan y compartan agendas en relación al tratamiento de la noticia.

Personalmente creo que cada medio tiene que tener su propia línea editorial y explicitarla para que el público la conozca a la perfección. Pero creo también que la información no debe ser objeto de manejo, mucho menos de manipuleo o manoseo tendencioso, puesto que ello implica intención de engañar y eso es lo que no se vale. Hay, evidentemente, una diferencia muy clara de percepción en cuanto a los niveles de libertad de expresión entre los que dirigimos o somos dueños de medios de comunicación y lo que piensan quienes trabajan en los mismos o quienes encuentran en ellos espacio para expresar sus puntos de vista.

La libertad de expresión, piedra angular de todas las otras libertades porque sólo en la medida en que ésta es respetada puede controlarse el respeto al resto de los derechos humanos, no es fácil de alcanzar ni, mucho menos, de ejecutar responsablemente. Y el oficio del periodista es también un oficio que así como ofrece grandes satisfacciones y permite grandes realizaciones, también demanda equilibrio, seriedad y respeto para lograr que la crítica sea no sólo contundente sino constructiva. Que las opiniones de los comunicadores pesen con base en el trato ponderado, aunque firme, de las distintas situaciones que se viven en una sociedad. No quien más insulta es quien más ejerce su libertad, puesto que generalmente esas opiniones son muy leídas pero poco sopesadas y menos influyentes.

Reflexionar sobre el periodista es reflexionar sobre la libre expresión y el compromiso social que demanda la comunicación colectiva. Y el Día del Periodista es más un día para repasar actuaciones, pensar en el compromiso que demanda y asumir responsabilidades.

Fuente: www.lahora.com.gt


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