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Más allá de un pleito personal
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 10 de diciembre de 2004
ocmarroq@lahora.com.gt

En nuestros partidos políticos las diferencias terminan en pleito y se producen las disidencias porque no poseen los mecanismos apropiados para que funcione adecuadamente la democracia. Generalmente se trata de instituciones que tienen dueño y están como patentadas para llevar a fulano a la Presidencia de la República y todo lo que no está funcionando para ese fin, no sólo sale sobrando sino que se convierte en molesto.

El pleito terrible que públicamente libraron Álvaro Colom y Rolando Morales, ambos altos dirigentes de la Unidad Nacional de la Esperanza, demuestra la inoperancia de nuestro sistema de partidos políticos y cómo es el amiguismo y compadrazgo lo que priva y lo frágil que son tales vínculos. Colom lanzó graves acusaciones contra Morales por su función como Presidente del Congreso, tratando sin duda de eludir cualquier responsabilidad partidaria e institucional por los señalamientos de malos manejos que se hacen contra la gestión de la actual directiva del poder legislativo. Pero no olvidemos que Colom conocía perfectamente a Morales y fue él quien decidió, sobre el resto de los diputados de la UNE, quién sería el Presidente del Congreso, lo que provocó tal malestar que ese dedazo del presidenciable provocó las primeras deserciones en la banca del partido.

Durante meses, Colom y Morales fueron algo así como "uña y mugre" y era tal su relación que muchos cuadros valiosos del partido fueron quedando marginados porque era más importante la lealtad que la capacidad. Cuando en la madrugada del día de las elecciones se dijo que Morales había sufrido un atentado, Colom mismo dio crédito a la historia, aun sabiendo que todo había sido producto de un desafortunado accidente ocurrido a su amigo cuando maniobraba a deshoras una pistola y se le fue un tiro.
El hecho de que se mantuviera la versión inicial del atentado habló mal de Morales y de la dirigencia de la UNE, incluyendo al mismo Álvaro Colom, puesto que hubiera sido mucho más honrado admitir la verdad. Pero lejos de que esa imprudencia etílica hubiera afectado la carrera política de Morales, terminó siendo nada más y nada menos que el poderoso presidente de un Congreso en el que el oficialismo no disponía de una aplanadora.

Pero lo que me interesa destacar es que éste no es un simple pleito personal sino que es el reflejo de la pobreza de nuestra política, porque ahora los dos dirigentes se tiran mutuamente luego de haber callado durante mucho tiempo su percepción sobre el proceder incorrecto del otro. Colom tenía que saber, desde hace tiempo, los malos manejos de los que ahora acusa a Morales y, para éste, no puede ser una sorpresa ni el comportamiento personal de su candidato, ni el preponderante papel que juega su esposa y que ahora parece que le crea tanto malestar pero que en el pasado aceptó como si tal cosa.

En Guatemala no hay partidos políticos y la prueba la está dando la UNE. Cada vez que en una organización se produce alguna renuncia, se recurre al cajonero recurso de decir que la disidencia fortalece al partido porque se van los malos elementos. Eso lo han dicho todos los dirigentes, desde Mario Méndez Montenegro en los cincuenta con el Partido Revolucionario hasta Ríos Montt con su Frente Republicano Guatemalteco, pasando por el MLN de Mario Sandoval Alarcón.

El pleito callejero que libran Colom y Morales, que no es para nada edificante, sirve nada más para demostrar y ratificar que la política en nuestro país gira alrededor de las ambiciones personales.

Fuente: www.lahora.com.gt


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