Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Imposible promover el bien común
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 17 de enero de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Los dos primeros artículos de la Constitución Política de la República de Guatemala son contundentes y vale la pena releerlos. Dicen así: "Artículo 1º.- Protección a la persona. El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común. Artículo 2º.- Deberes del Estado. Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona."

No hay que ser extraordinariamente crítico para entender que el Estado no está cumpliendo con sus fines ni deberes, puesto que desde que fue sancionada la Constitución Política hemos venido viendo la incapacidad para promover el bien común debido a la existencia de un descarado tráfico de influencias que convierte al Estado en instrumento de los grandes intereses que resultan pactados desde que los políticos están en campaña y que nada tienen que ver con las necesidades del país. Guatemala, lejos de cumplir con sus deberes, cada día protege menos la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona, lo que nos coloca en una posición terriblemente seria, al punto de que de alguna manera tenemos que pensar en una especie de refundación de la República para retomar el camino perdido.

No es exagerado decir que nuestro sistema político se diseñó de tal forma que todos los partidos y candidatos tienen que vender su alma al diablo si quieren tener posibilidades electorales y por lo tanto terminan al servicio de quienes pueden financiarles sus actividades. El fenómeno no es nuevo, aunque en los últimos tiempos se destaparon casos que evidencian la gravedad de la situación pero que no han servido para obligar a una reflexión sobre la inviabilidad del Estado en esas condiciones.

Guatemala es un país que está a merced del tráfico de influencias y cuyo Estado funciona para garantizar y fortalecer privilegios de quienes pueden comprarlos mediante el financiamiento de las campañas políticas. Un país que no puede cumplir con los dos primeros artículos de su Constitución no puede esperar que se cumplan los otros que son, a la larga, una especie de desarrollo de la parte conceptual que fija los fines del Estado y sus deberes.

¿Podremos salir del atolladero con buenas intenciones y aplicando parches a un sistema diseñado por políticos que vieron claro que podían sacar beneficio de esa compraventa de conciencias? Honestamente pienso que no, que Guatemala llegó al punto en el que hace falta una cirugía mayor porque los medicamentos ya no hacen ningún efecto. Hoy mismo vemos al Gobierno asegurando con el uso de todas sus fuerzas el derecho de unos empresarios para realizar inversiones que son rechazadas por la comunidad. El bien común no tiene consideración alguna y, por supuesto, los que compran conciencias para su beneficio rechazan toda forma organizada de protesta de las comunidades porque, según su visión, a la larga el pueblo no tiene ni voz ni voto en las grandes decisiones que deben ser para apuntalar privilegios, para asegurar la explotación de recursos y para mantener un sistema que niega oportunidades al desarrollo integral de la persona.

No es pesimismo negarle viabilidad al Estado de Guatemala en las condiciones actuales, sino el reconocimiento de una patética realidad. Nuestra democracia es y ha sido de fachada, porque a la larga los poderes fácticos mantienen el secuestro del Estado mediante el control del Gobierno y estamos sembrando vientos que, de no atenderlos correctamente y con visión patriótica, nos han de traer tempestades.

Fuente: www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.