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A ver si como roncan duermen
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 21 de enero de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

lNo puede haber hoy en día un guatemalteco que piense que podemos mantener nuestro sistema político sin controles para evitar que el financiamiento de los gastos de las campañas sea sometido a límites y controles, puesto que ha quedado demostrado de manera fehaciente que hay una relación directa entre el aporte que hacen los grandes intereses económicos y la búsqueda de privilegios y el tráfico de influencias.

Preocupa, eso sí, que el caso Comcel se quede simplemente en otro desahogo, en una nueva denuncia que no produce como resultado ningún esfuerzo por cambiar las cosas. Es lo mismo que con las reiteradas denuncias de corrupción del gobierno anterior, que no sirvieron para forzar a un cambio en la estructura administrativa para hacer más difícil el enriquecimiento ilícito de los funcionarios sino que simplemente lo dejamos en la denuncia que, tal y como está nuestro sistema legal, ni siquiera se puede traducir en sanciones fundadas en derecho y han hecho que la misma fiscalía tenga que fabricar casos que no resisten un serio análisis legal.

Siempre he pensado que la sanción a los corruptos es necesaria, pero que tiene que ser por hechos debidamente comprobados y que debe sustentar, además, la reforma de los procedimientos para evitar que en el futuro se vuelvan a repetir los hechos de corrupción. De lo contrario, no estamos haciendo ningún aporte positivo para el país, por muy fuerte que sea la denuncia, puesto que dejamos el arca abierta para que se sigan reproduciendo los mismos fenómenos con diferentes actores. Acaso hasta más sofisticados procedimientos, pero los resultados vienen a ser los mismos.

Preocupa ver que en el Congreso de la República la única reacción ha sido la de un FRG que pretende lavarse las manos como si no supieran que los aportes siempre se hacen a los candidatos y no a los partidos. Pero nadie mueve un dedo, quizá porque temen remover aguas demasiado turbias en las que difícilmente encontremos a alguien tan libre de culpa como para tirar la primera piedra. La otra cuestión es que a los políticos les interesa mantener esa situación porque es más fácil ganar campañas con fuerte inversión en propaganda que realizar el trabajo fuerte, demandante y agotador de organizar políticamente a la población alrededor de un partido político. A menor organización mayor dependencia del recurso económico que convierte a la actividad proselitista en una pura labor de mercadeo donde el monto del capital a invertir tiene mucho que ver.

Es momento de que alguna bancada proponga con seriedad una reforma al sistema político del país para acabar con esos financiamientos que corrompen toda la estructura. Casos como el de Comcel abundan en Guatemala y todos los políticos tienen colas que pueden ser machucadas. Pero si no modificamos esa forma de hacer política, olvidemos que el país tenga algún futuro y viabilidad porque seguiremos siempre teniendo autoridades que se ponen al servicio de los grandes intereses económicos y dan la espalda a la obligación de buscar el bien común.

Siquiera para lavarse la cara, algún partido tendría que abanderar la lucha para establecer controles. Y si no lo hacen, está el precedente de cómo se les obligó a los diputados a bajarse el sueldo. Tiene que haber una fuerte presión pública para que esto no quede en denuncia, sino que produzca los cambios que hacen falta.

Fuente: www.lahora.com.gt


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