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A las puertas de un nuevo conflicto interno
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 27 de enero de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

He relatado algunas veces que me impresionó mucho una frase que pronunció en la Casa de la Reconciliación el entonces funcionario de Minugua y ahora responsable del PNUD en Guatemala, don Juan Carlos Corlazzoli, al afirmar que Guatemala estaba viviendo una situación preconflicto sin haber superado el posconflicto. Hace algunos años de eso, pero la idea siempre me ha rondado en la cabeza, porque la falta de implementación de los Acuerdos de Paz hace que las tensiones nos vayan colocando cada vez más cerca de un nuevo conflicto.

Hoy por la mañana leía el informe que señala la existencia de armas ofensivas en algunos de los grupos que han invadido fincas. A ello hay que sumar algo que no dice el documento, y es que los finqueros tienen también armas ofensivas de grueso calibre y lo demuestra el último incidente en el sur del país, en el que hubo muertos y heridos cuando los miembros de seguridad del hijo de Pepe Fernández se enfrentaron con los campesinos. El hecho irrefutable, creo yo, es que Guatemala está a las puertas de un conflicto interno nuevamente por la incapacidad de los sectores de la sociedad para implementar el contenido de aquellos acuerdos que buscaban, según su propio texto, una paz firme y duradera. La paz nunca llegó a ser firme y por lo tanto no puede considerarse como duradera, porque en los asuntos más importantes para superar las raíces del anterior conflicto, no se hizo absolutamente nada.

Yo he sostenido que la negociación entre la guerrilla y el Ejército, con los gobiernos civiles casi de testigos de honor, no pasó de concretar un simple cese al fuego. Pese a la riqueza conceptual del conjunto de acuerdos, los mismos no llegaron a materializarse y vemos que la conflictividad social está creciendo por todos lados en el país y los riesgos de vernos nuevamente envueltos en situaciones que debimos haber superado son muy altos.

Las posiciones antagónicas entre finqueros y campesinos, empresarios y trabajadores, ladinos e indígenas y ahora hasta entre empresarios católicos y sus obispos, nos permite ver que en Guatemala la tensión es demasiado grande y que, aunque no se quiera reconocer, empieza a surgir nuevamente el espectro de esa confrontación de clases. Cuando los empresarios aplaudieron al Gobierno por haber usado la fuerza para aplicar la ley a favor de la minera Montana, expresé que se estaba marcando una peligrosa línea de división entre quienes tienen mucho y quienes no tienen nada. Porque obviamente hasta el concepto de Estado de Derecho es diferente entre quienes sostienen que el mismo se defiende con la fuerza para impedir manifestaciones y quienes creen que se fortalece mediante la consulta popular, sobre todo al tenor del Convenio 169 de la OIT.

No ver la peligrosa volatilidad social que hay en el país y la forma en que estamos avanzando a un nuevo conflicto es torpe porque todo demuestra que de uno y otro lado se están cerrando filas en preparación para reeditar la guerra interna que tanto daño nos hizo. Pero lo más grave es que como sociedad no fuimos capaces de desmontar las causas del conflicto y nuestra indolencia para implementar los acuerdos que tenían esa finalidad nos coloca en esa riesgosa postura. Es urgente rescatar los acuerdos y restablecer el diálogo para desactivar el peligro de un nuevo conflicto armado interno.

Fuente: www.lahora.com.gt


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