Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La violencia no se combate con violencia
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 7 de febrero de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Agobiados como estamos los ciudadanos guatemaltecos por el clima de inseguridad que nos afecta terriblemente a todos, es muy fácil que se caiga en la tentación de recurrir al uso de los escuadrones de la muerte para propiciar una limpia social; cuando uno habla con ciudadanos de todos los estratos, se da cuenta que es impresionante la cantidad de gente que cree que la eliminación de los delincuentes es la única solución posible y que hay un respaldo tácito para toda medida de fuerza que se use para ir sacando del medio a quienes conforman grupos criminales. La explicación oficial de que se trata de ajuste de cuentas entre pandillas o bandas criminales no se la traga nadie, pero se acepta con extrema tolerancia porque a ojos de la ciudadanía no hay otro remedio que el de ir limpiando selectivamente al país mediante el asesinato de los criminales.

Sin embargo, si el uso de escuadrones de la muerte resolviera los problemas de seguridad, Guatemala sería un paraíso porque si en algún sitio se ha recurrido hasta el exceso a esa práctica es en nuestro país. Y lo que vemos es que lejos de crearse condiciones de seguridad, lo que hicimos fue crear toda una cultura de la muerte que nos terminó envileciendo como sociedad. Antaño se hicieron contribuciones en efectivo para pagar a los sicarios que se encargaban de ir matando a reales o supuestos criminales que operaban en determinados sectores; en ocasiones se utilizó a miembros de las fuerzas de seguridad, cuyos jefes recibían el dinero contante y sonante a cambio de la acción de limpieza.

El recurso de la eliminación de los delincuentes es el reconocimiento expreso de la crisis de las instituciones nacionales, puesto que es el resultado de la incapacidad de la Policía, del Ministerio Público, de los tribunales de justicia y del sistema penitenciario para actuar de conformidad con la ley en la protección de la ciudadanía honrada y en proveer castigo a los delincuentes. El tema de la limpieza social termina siendo como el de los linchamientos, puesto que de una u otra manera es la sociedad la que tolera y hasta fomenta la aplicación de lo que se supone deben ser castigos ejemplares que no sólo duelan al criminal, sino que desalienten a otros.

Pero lo que no entendemos es que al final de cuentas nos paramos convirtiendo también en criminales al propiciar o, cuando menos, tolerar ese tipo de soluciones. Cuando pensamos que hay que darle su merecido a los delincuentes sin esperar que el aparato de justicia funcione, porque sabemos que no funcionará, terminamos prostituyendo a la sociedad.

Y no nos damos cuenta que esos escuadrones de la muerte que funcionan aparentemente bajo cierto control y que eliminan de manera selectiva a los delincuentes y peligrosos criminales, están compuestos por gente desalmada que tarde o temprano actuará por su cuenta, como ha ocurrido tantas veces en la historia del país, desde Sixto Pérez en los tiempos de Justo Rufino Barrios, hasta nuestros días. Muchas de las bandas del crimen organizado se nutren con quienes en su tiempo fueron agentes de la represión o con quienes fueron combatientes de la revolución. Esa realidad hay que entenderla, porque lo que pasa cuando se recurre a la violencia para contrarrestar la violencia, estamos abonando el terreno para dificultades aún mayores. Cierto es que se trata de un grave dilema, porque el aparato de justicia no funciona y el ciudadano está indefenso, pero alentar otra forma de crimen organizado no nos ayudará a salir del atolladero.

Fuente: www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.