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Estamos sembrando muy fuertes vientos
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 14 de febrero de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Se publicó que un informe del Fondo Monetario Internacional, entidad que se encargó de promover los férreos programas de ajuste estructural en los países pobres para eliminar toda clase de subsidios y compensación social a los más pobres, reconoce que en los últimos diez años el número de pobres en América Latina se incrementó en 14 millones, para llegar a la alarmante cifra de 214 millones de seres humanos que viven en condiciones que les impiden satisfacer sus necesidades básicas.

El mismo Fondo reconoce, en su informe sobre "Estabilización y Reforma en América Latina", que no hay evidencias de que exista vínculo entre reformas estructurales y reducción de la pobreza. Por el contrario, se acepta que "a pesar de haber logrado reducir la inflación, la región no ha logrado asegurar mejoras en la reducción de la pobreza ni en atenuar la desigual distribución del ingreso." Hay que recordar que el Fondo Monetario Internacional embarcó a todos estos países en el programa de ajuste que redujo la participación del Estado en la economía, privatizó las empresas públicas para crear los grandes monopolios privados que actúan con abusivo ánimo de lucro y provocó las acciones para terminar con el apoyo estatal a los más necesitados, "transparentando" los costos de los servicios básicos y trasladando a la población una pesada carga.

A diferencia de otros países donde mediante la política fiscal se establecen mecanismos de redistribución del ingreso para provocar condiciones de mayor equidad en cuanto a las oportunidades, el ajuste estructural en América Latina terminó haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, a la vez que se eliminó o redujo considerablemente la clase media, creando una situación potencialmente explosiva porque los Estados perdieron su capacidad de respuesta ante la demanda social que plantea el desajuste.

Hay quienes piensan que las revoluciones del siglo pasado fueron parte nada más del conflicto Este-Oeste y que, en consecuencia, al vivir en un mundo unipolar el riesgo de que puedan repetirse esos fenómenos es remoto. Sin embargo, la existencia de condiciones objetivas claras y concretas para el descontento de extensos sectores de la población, puede significar el resurgimiento de otras modalidades y formas de protesta y de reivindicación que pueden convertirse en el signo de este nuevo siglo. Confiar en que la desaparición de la Unión Soviética y del comunismo como funcionó durante todo el Siglo XX es suficiente para sentirnos tranquilos, constituye una verdadera estupidez.

Lo ocurrido en América Latina en los últimos años es alarmante y tiene que forzar a la revisión de las estrategias económicas porque no podemos seguir engrosando el contingente de pobreza sin que algún día tengamos que pagar por tan irresponsable actitud.

Lo sorprendente es que ahora el Fondo Monetario Internacional repare en los efectos de algo que tenían que haber previsto sus economistas. Cuando se impulsaron las primeras medidas de ajuste estructural en América Latina, muchas fueron las voces que se elevaron para advertir precisamente sobre este efecto que ahora vemos. Pero con terca actitud, los tecnócratas sostuvieron lo contrario y tras dos décadas y media vienen a admitir que se pasearon en todo y que hundieron al Continente en una situación de altísimo riesgo.

Porque los vientos que sembraron y sembramos todos al aceptar sin chistar las absurdas condiciones del FMI son preludio de Dios sabe qué clase de tempestades. Pero lo irrefutable es que si no hacemos algo, el estallido llegará con o sin comunistas de por medio.

Fuente: www.lahora.com.gt


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