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Tenemos muy poco que ofrecer
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 19 de marzo de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

La visita de la Vicepresidenta de Taiwan dejó varias lecciones importantes que hay que tomar en cuenta. Pese a las crecientes necesidades de ese país para mantener el apoyo de los pocos estados que tienen relaciones diplomáticas con el régimen de Taipei, Guatemala no pudo lograr que la mayor inversión, sostenible además en el largo plazo, viniera a nuestro suelo porque los salvadoreños nos ganaron la partida. Algunos creen que es simplemente la estabilidad que da la continuidad de ARENA en el gobierno del vecino país lo que atrajo a los inversionistas, pero se pasa por alto que Guatemala es un país que tiene muy poco que ofrecer en todo el sentido de la palabra, porque ni podemos dar seguridad a los inversionistas ni podemos competir con otras naciones en el costo de insumos como la energía eléctrica.

Los inversionistas no se decantan por la posición ideológica de los gobiernos y la prueba está en cómo Estados Unidos hace negocios con Pekín en vez de hacerlos con Taiwan. El capital no tiene ideología y lo que busca es rentabilidad y seguridad, cosas que Guatemala no puede ofrecer porque aquí la violencia y el crimen se enseñorean del territorio nacional y la rentabilidad es menor que en los países vecinos por nuestros problemas de infraestructura, por la ausencia de mano de obra capacitada y por los altos costos de producción determinados por quienes se beneficiaron con la piñatización de los servicios públicos en el país.

La otra lección que debemos sacar de la visita de la Vicepresidenta es que el tema de los cheques a Portillo y a tantos otros líderes de estos países que se han mantenido fieles a Taiwan, se enmarca en el contexto de la política exterior de esa nación y por lo tanto el presidente Berger no permitió que ese tema fuera objeto de preguntas de los periodistas. No fue para proteger a Portillo, de ninguna manera, sino para proteger al país que se ha dedicado a comprar el apoyo de otros gobiernos para mantener algún reconocimiento en el plano internacional. De no ser por los pocos países que aún mantienen relaciones diplomáticas con los taiwaneses, no tendrían ya ningún papel que jugar como Estado independiente y tendrían que aceptar el hecho de que Formosa forma parte de la integridad territorial de China.

La manera en que se han asegurado ese respaldo es clara. Desde cualquier punto de vista, geopolítico o de interés comercial, es obvio que China es más atractiva para cualquiera y si se usara la razón, los países que quedan aún con relaciones diplomáticas con Taiwan ya hubieran establecido tales relaciones con Pekín. La única forma de impedirlo es logrando que los gobernantes de esos países se mantengan fieles y para ello han recurrido a toda clase de prácticas, incluyendo desde luego variadas formas de soborno.

Por ello es que si se discute con profundidad el tema de los cheques de Portillo, no sólo el anterior presidente iría a parar al banquillo de los acusados, sino muchos líderes nacionales en distintos campos. En resumen, al banquillo tendría que ir la política exterior de Taiwan con estos países y ello resulta inconveniente ahora que China establece la ley contra la secesión territorial. La tabla de salvación de Taiwan para sobrevivir como Estado en el plano internacional son esas relaciones con un puñado de países cuya lealtad no es que no tenga precio, sino que lo tiene demasiado alto.

Fuente: www.lahora.com.gt


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