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Dad de beber al sediento…
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 1 de abril de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Terri Schiavo fue convertida en un símbolo de quienes se dicen defensores de la vida; la señora Schiavo llegó a la condición vegetativa por voluntad propia porque se sometió a dietas tan extremas que le provocaron una falla cardiaca que impidió la normal irrigación de las células cerebrales. Pero obviamente su caso era paradigmático y fue explotado al máximo por los grupos radicales que se dicen defensores de la vida, no obstante que nada hacen ni dicen por otras víctimas de la dramática y cruel realidad del mundo.

No digamos la doble moral de los políticos de Estados Unidos, quienes engañaron y mintieron para montar una guerra que ha costado muchas vidas, sobre todo de gente inocente en Irak, sino la de esos religiosos que pedían que se reconectara a la señora Schiavo para que pudiera ser alimentada. ¿Y los 20,000 seres humanos que diariamente mueren como resultado de la pobreza extrema que el mundo con todo y su desarrollo tecnológico es incapaz de combatir? Clamar por agua y alimento para una mujer cuyas imágenes captadas en el lecho del hospital en Florida donde fue atendida durante quince años tiene mucho sentido desde el punto de vista de la propaganda; hablar de la sed y desnutrición que causan la muerte de muchos niños y adultos en el mundo todos los días no es rentable para los grupos conservadores que se dicen defensores de la vida pero que no se inmutan por lo que pasa día a día en recónditos lugares.

Si fuera cierta la prédica de Bush y sus seguidores de la derecha religiosa, el Presupuesto de los Estados Unidos tendría que tener un enfoque diferente y tendría que gastarse más en el combate global de la pobreza para defender realmente el derecho a la vida. ¿O es que el derecho de la vida que tanto cacarean es sólo para algunos?
Cuántos niños en el mundo no sufren la falta de agua y alimentos y terminan también muriendo como la señora Schiavo, de pura inanición. Esa es una realidad incuestionable que nosotros la vimos magnificada cuando se destacó el caso de Jocotán y Camotán, en Chiquimula, pero que sigue ocurriendo en otros lugares de nuestra geografía donde la gente languidece y muere por falta de agua y alimentos.

Eso nos lleva a la pregunta toral. ¿Quién es realmente el sediento al que la enseñanza cristiana nos pide que debemos darle agua? ¿La pobre señora Schiavo que buscando la esbelta figura tan en boga dispuso someterse a una dieta brutal que le causó un paro cardiaco, o los miles de hambrientos y sedientos que hay en las partes más miserables de la tierra a donde no llegan los beneficios de la vida moderna? Si de cada muerto de hambre las cadenas como FOX hicieran una telenovela como la que hicieron con este caso y si por cada muerto el Presidente de Estados Unidos suspendiera un viaje y el Congreso tuviera que reunirse de emergencia, no alcanzarían los minutos del día para librar tan tremenda batalla.

Pero es que en todo esto hay una doble moral, una hipocresía extraordinaria de quienes navegan con bandera de defensores de la vida, pero usan el tema simplemente como una expresión de su fanatismo religioso y como contraparte a la postura de quienes creen en la eutanasia. Creer en la vida y defenderla es tarea cotidiana que no debe hacer distingos. Pero ese mismo Bush que dijo que en caso de duda hay que estar a favor de la vida, no vaciló al negar el perdón a los condenados a muerte y, peor aún, al enviar las mortíferas bombas sobre Irak. Y como él, los defensores de la vida son también los que defienden y creen en la pena de muerte. Paradojas inexplicables de la vida.

Fuente: www.lahora.com.gt


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