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Quien esté libre de pecado…
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 7 de abril de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

La promoción y el respeto de los derechos humanos constituye una preocupación importante de la humanidad y al menos desde la creación de Naciones Unidas, uno de los objetivos de la comunidad internacional. Sin embargo, en este como en tantos otros temas, prevalece siempre la doble moral de quienes ven la paja en el ojo ajeno y son incapaces de ver la viga en el propio y por ello son muchos los que, sin estar libres de pecado, se dedican a lapidar de acuerdo con las instrucciones que reciben.

En estas fechas se reúne en Ginebra la Cuarta Comisión de la Asamblea General de Naciones Unidas para repasar la situación de los derechos humanos en el mundo; durante muchos años para Guatemala era ésta una época aciaga porque delegaciones de muchos países señalaban los abusos que en el marco de la guerra interna se cometían en nuestro país y cómo miles de personas perdieron la vida y otras tantas fueron simplemente desaparecidas en el contexto de la lucha contra el terrorismo.

Pero desde hace algunos años el centro de atención es Cuba porque Estados Unidos realiza una intensa labor para convencer a sus aliados para que voten a favor de condenas en contra del régimen de Castro por la violación de derechos humanos que, sobre todo, se marcan en la falta de libertad para organizar partidos políticos y en la existencia de presos de conciencia. En países como Guatemala nunca tuvimos esa clase de presos, porque los enemigos del régimen no iban a prisión: desaparecían o eran ejecutados de manera más o menos pública para que su ejemplo sirviera de escarmiento a cualquier potencial activista contra el régimen.

Pienso que esas condenas tienen que ser seriamente meditadas por los países, sobre todo ahora que países tradicionalmente impulsores de la política de respeto a los derechos humanos, tanto para adentro como para afuera de sus fronteras, la han abandonado porque caen en la cuenta que, como nuestros militares y los de los ejércitos de Latinoamérica, tienen que violar los derechos fundamentales para librar la guerra contra los terroristas. La lectura del Acta Patriótica de los Estados Unidos nos da una idea de cuán relativos se volvieron ancestrales principios que dieron vida al ideal de la vida norteamericana. La idea de libertad plena en el campo político y religioso, en la capacidad para pensar y expresarse, son cosa del pasado, al igual que el derecho de todo ciudadano a un juicio justo dentro del marco que preceptúa la idea de presunción de inocencia y de legítimo derecho a defensa.

Una cosa era, sin duda alguna, la lucha de Carter por ejemplo en materia de derechos humanos y otra muy distinta la del señor Bush, porque él ha colocado a su país en buena medida a la altura de los regímenes que decidieron que para combatir al terrorismo tenía que usarse la llamada guerra sucia. La aplicación de tortura tanto en Irak como en Guantánamo es hecho probado y se conocen ya los instructivos oficiales sobre cómo administrar la tortura. ¿Puede un régimen así comandar una lucha para emitir una resolución de condena contra Cuba?

Deliberadamente me he abstenido de hablar de la ayuda que Guatemala recibe de Cuba mediante los programas médicos que han permitido a campesinos del interior ser atendidos por primera vez en su vida por galenos de verdad. No votar contra Cuba sólo porque nos dan ayuda podría parecer hipócrita, tanto o más que hacerlo porque Estados Unidos nos lo exige. Se trata de convicciones y de evaluar si, en el marco de las violaciones mundiales de derechos humanos, la cubana difiere de la norteamericana: Los presos de conciencia en Cuba no son distintos a los de Guantánamo y de Irak, donde muchos no son ni por asomo terroristas, pero siguen presos. Y digo esto porque lo primero a cambiar debe ser la política de Estados Unidos para librar su guerra contra el terrorismo. Los muertos en la invasión de Irak también eran seres con derechos humanos que fueron ignorados bajo el engaño de que había que limpiar ese país de armas letales que al final no existieron.

Fuente: www.lahora.com.gt


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