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El chantaje de una concesionaria
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 23 de abril de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Ayer publicamos la situación que se ha dado en Belice con la suspensión de las vitales comunicaciones telefónicas luego de que la empresa BTL, concesionaria del servicio, suspendiera la telefonía fija, la celular y las líneas de Internet para presionar al Gobierno a que les venda el porcentaje que el Estado mantiene en la compañía. El asunto ha sido disfrazado como un movimiento laboral, pero en el fondo se sabe que fueron los accionistas privados los que actuaron de común acuerdo con sus trabajadores para ejercer una presión que el Gobierno no podría resistir.

La verdad es que hay áreas en las que la vulnerabilidad de los países es demasiado alta y por ello es que históricamente se ha buscado evitar la dependencia que podría significar en determinado momento para paralización de servicios esenciales y, sobre todo, los que son calificados como estratégicos porque de ellos depende en buena medida la subsistencia misma del país y de su sociedad. En Guatemala tuvimos la experiencia del tremendo poder de concesionarios cuando los puertos, el ferrocarril y las telecomunicaciones estaban en manos de la compañía Frutera y la generación eléctrica en manos de la internacional Bond and Share. Era tal el poder que tenían esos intereses que el Gobierno de Guatemala no tenía otro recurso que el de someterse a los dictados de los concesionarios y por ello la calificación que se nos dio como países bananeros, porque los intereses de las empresas productoras de banano eran lo dominante y decisivo en esta región.

Cuando llegó el gobierno de Arévalo, tras la revolución del 44 que derrocó a la dictadura complaciente con los concesionarios, se impulsó el Código de Trabajo y el simple hecho de que el país en ejercicio de su soberanía decidiera regular las relaciones obrero patronales mediante una ley tutelar del derecho de los trabajadores, provocó reacciones enconadas de la United Fruit Company y la verdad de los hechos es que esa aprobación del Código de Trabajo marcó el inicio de lo que llegaría a culminar en 1954 con la intervención de los Estados Unidos para proteger los intereses de la que en aquellos días era una de las empresas más poderosas de ese gran imperio.

Cuando uno analiza el porqué de los esfuerzos del gobierno de Arbenz por construir una carretera al Atlántico, por qué la insistencia de construir Jurún Marinalá para generar energía eléctrica, su proyecto de construir un gran puerto en Santo Tomás de Castilla y hasta la iniciativa de una reforma agraria, tiene que entenderse que todo apuntaba al rescate de la soberanía del país que estaba limitada seriamente por la dependencia en cuestiones vitales y estratégicas que habían sido controladas por la UFCO y sus empresas afines durante prácticamente cincuenta años, término de las concesiones. Arévalo tuvo que declarar non grato al embajador de Estados Unidos porque trató de imponerse como procónsul como lo habían hecho con todos los mandatarios anteriores que, como ayer decía Hugo Arce, no entendían que quien mucho se agacha enseña la cucaracha.

Belice es una muestra clara del cuidado que hay que tener porque el capital no tiene patria ni intereses nacionales. El capital busca lucro y mejor si el mismo se aumenta con privilegios. Eso es norma irrefutable y viendo que están rasurando al vecino, vale la pena poner nuestra barba en remojo.

Fuente: www.lahora.com.gt


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