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Y todo quedó como si nada…
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 21 de mayo de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Hace ya más de una semana las autoridades del Ministerio de Energía y Minas admitieron que al usuario se le está cargando un precio excesivo por el combustible y aunque investigaciones periodísticas daban cuenta de una ganancia adicional de cuatro quetzales por galón, ellos admitieron que la cifra anda en por lo menos dos quetzales. Pero también dijo el viceministro que el Estado no tiene nada que hacer al respecto porque como está liberado el mercado de los derivados del petróleo, el único recurso a disponibilidad de las autoridades es el de realizar un "volanteo" para informar a los automovilistas en qué expendios puede obtener la gasolina menos cara.

La verdad es que resulta inaceptable que en las condiciones que está sufriendo Guatemala y con la miseria que se extiende por el constante incremento en el costo de vida, se permita ese tipo de especulación con los precios que demuestra, por enésima vez, que lo de las leyes de mercado son puras tortas y pan pintado, puesto que cuando existen actividades como el suministro de combustible, que son de primera necesidad y absolutamente indispensables, la falta de regulación permite que se cometan abusos intolerables.

Y para el consumidor guatemalteco es la misma historia por donde quiera voltear a ver; lo mismo si se trata de la energía eléctrica, del agua potable, de los productos de consumo básico, del transporte, el vestuario, la vivienda, la educación y la salud, en todo el común denominador es que el dinero no alcanza. Obviamente para la mayoría de guatemaltecos que viven al día con sus magros ingresos, ello significa ni más ni menos que se tienen que acomodar a reducir su nivel de vida porque cada vez pueden satisfacer menos necesidades con el dinero que ingresa al entorno de la familia.

La mejor muestra de cómo se manipula el supuesto sistema de mercado está en ese negocio que hacen quienes se están embolsando ganancias adicionales e injustificadas al amparo de la crisis petrolera mundial. En todos los países del mundo los combustibles han bajado de precio, menos en Guatemala donde pareciera que existen los depósitos más grandes y que fueron llenados cuando el combustible estaba más caro, porque aunque el precio baje en el mercado internacional, aquí seguimos esquilmados por la sempiterna presencia de un sistema que fue dejado en libertad para que las fuerzas del mercado local fueran las que fijaran el precio. Mamolas, como hubiera dicho mi abuelo, porque los que fijan el precio son simplemente quienes ofrecen el producto y quien lo demanda por necesidad no tiene otro remedio que caer muerto con las condiciones impuestas por el oligopolio encargado de la importación y comercialización del producto.

No nos debe sorprender que la gente se esté cansando de la situación y exprese cada día mayor malestar; siempre los precios suben mucho más rápido que los salarios, pero en nuestro caso sucede que los salarios adquirieron una inmovilidad providencial porque se dispuso que es la productividad la que debe fijarlos y no una comisión paritaria. Y como no hay quien pueda calificar para el efecto la productividad, el trabajador quedó fregado y condenado a abrirle hoyos al cinturón y a los cinturones de todos los miembros de la familia, porque la única salida es comer menos y vivir peor.

Fuente: www.lahora.com.gt


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