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Ni triunfalismos ni derrotismos
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 4 de junio de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

El fútbol es considerado por muchos algo más que un simple deporte para calificarlo como un fenómeno social y uno lo entiende cuando ve cómo el estado de ánimo de pueblos enteros depende del resultado de ciertos partidos cruciales. Los guatemaltecos hemos tenido en el fútbol, como en la política, razones de sobra para sufrir uno tras otro sonados desengaños, pero en ambos casos seguimos empeñados en mantener viva la ilusión y la esperanza de que, al fin de cuentas, algún maravilloso día, se puedan cumplir los sueños largamente acariciados.

Pero ahora es turno del fútbol y siento que hay en la población una actitud de más ilusión que optimismo; todos queremos un triunfo pero entendemos que no es fácil porque México está, aunque a algunos les duela mucho aceptarlo, en algo así como otra liga, superior a la nuestra. Dar rienda suelta a expresiones que quieren ser patrióticas es posiblemente lo más fácil, pero corremos muchos riesgos porque hay que entender que siendo el nuestro un país que tiene tantas razones para sentir frustración, hay que vivir con los pies en la tierra para no alentar expectativas tan altas que, de no cumplirse, nos hundan en un estado de abatimiento colectivo.

Yo quisiera que esa enorme fuerza que se genera alrededor del país cuando hay un partido de fútbol fuera eterna; que todos los días, los guatemaltecos nos levantáramos con idéntica ilusión de darlo todo por Guatemala, por nuestra patria y que en el trabajo, en el estudio, en las cosas grandes y pequeñas, pusiéramos esa vital energía que el seleccionado nos logra despertar. No es menospreciar el partido ni la lucha por clasificar, pero siento que hay razones más importantes que debieran unirnos como chapines alrededor de esfuerzos por lograr metas altas, que en realidad dependen únicamente de nuestra decisión de participar, de hacer y de actuar.

Me emociona ver a viejos y niños, hombres y mujeres, vistiendo con orgullo la camisola nacional. No es muy frecuente percibir entre los guatemaltecos el orgullo de haber nacido en esta tierra y generalmente ello ocurre antes de un partido. Pero también decepciona ver que si el resultado es adverso, desaparece todo ese entusiasmo y orgullo para dar paso a un evidente complejo de inferioridad que afecta al país.

Yo quiero que nuestra selección gane y creo que lo puede hacer, pero si no lo logran, Guatemala no será menos ni los guatemaltecos tendremos razones para sentirnos menos identificados con nuestro país. Por el contrario, lo que tenemos que entender es que aun en el deporte, las cosas serán más fáciles y tendremos mejores resultados si como habitantes del país abandonamos nuestra indolencia secular, nuestra tendencia a irla pasando y nos decidimos a una vida más comprometida con la Patria. No se puede ser patriota antes de un juego y dejarlo de ser si el resultado es adverso. Tampoco se puede ser patriota sólo para el fútbol y no ante el resto de desafíos que nos impone el país.

Reflexionar sobre los alcances de nuestro patriotismo puede ser el mejor resultado que nos deje esta contienda que debemos esperar sin triunfalismos ni derrotismos, sino con un patriotismo realista y perdurable.

Fuente: www.lahora.com.gt


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