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La ingobernabilidad en Bolivia
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 8 de junio de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Cuando en nuestros países se analizan crisis políticas de ingobernabilidad, como pueden ser los casos de Ecuador y Bolivia, tratamos de encontrar causas que expliquen ese tipo de reacciones populares que alteran la paz social; no faltan los que, como hizo Estados Unidos en la Asamblea de la OEA, digan que esas cosas pasan porque Chávez mete las manos y culpan al gobierno de Venezuela de todo lo que ocurra, como antes se hacía con el régimen de Castro.

Sin embargo, los europeos tienen una lectura distinta de ese tipo de fenómenos y lo explican de manera más pragmática y concreta. Bolivia, dicen los medios de comunicación europeos, es un país con abundantes recursos naturales pero el setenta por ciento de la población vive en situaciones de pobreza que apenas si les permiten subsistir de mala manera. En esas condiciones no puede sorprender a nadie que existan tremendas movilizaciones sociales y que los gobiernos sean incapaces de aplacar los reclamos de la población.

Generalmente los latinoamericanos, especialmente los políticos y la clase dirigente de nuestros países, nos resistimos a reconocer que existe una relación de causa y efecto entre pobreza y convulsión política y social. En el caso concreto de Guatemala todavía hoy se dice que nuestro conflicto armado interno fue producto de la confrontación Este-Oeste, negando la existencia de condiciones internas que hicieron que se produjera la lucha entre los habitantes del país. Lo mismo puede pensarse del caso boliviano, cuando vemos que altas autoridades de Estados Unidos simplifican la cuestión pensando que la volatilidad política es producto de algún manoseo externo.

Por grande que fuera una intromisión extranjera y por eficiente que fuera la propaganda del odio y la lucha de clases, no tendría eco sin que existan condiciones que hagan a la gente pensar en la rebelión como una medida extrema para resolver sus problemas. No hay demagogo capaz de soliviantar a un pueblo que está satisfecho, que alienta esperanzas y que siente que es tratado con justicia. La marginación, la explotación, el hambre y la desesperanza son el caldo de cultivo para la ingobernabilidad y eso es algo que visto desde Europa parece tan evidente pero que visto desde la perspectiva de los centros de poder de la América Latina ni siquiera se percibe porque hay una resistencia natural a reconocer la existencial realidad de causa y efecto entre pobreza e inestabilidad política.

El problema es que si no visualizamos la realidad con criterio objetivo, jamás podremos entender el gran riesgo que alimentamos de manera cotidiana con nuestras actitudes y torpezas. Guatemala es, como los otros países de América Latina, escenario de esos marcados contrastes en los que unos pocos tenemos mucho y muchos no tienen nada. Claro está que, por fortuna, logramos irla pasando aún sin sobresaltos extraordinarios y nuestra gente tiene una paciencia franciscana que hay que agradecerle a Dios. Pero creer que podemos seguir exprimiendo a la vaca sin consecuencias y, peor aún, sin alimentarla, es un grave error del que nos daremos cuenta cuando ya sea demasiado tarde.
Si hoy estamos viendo el ejemplo de Bolivia tratemos de darle una lectura correcta al fenómeno y conforme a la sabia enseñanza, pongamos ya nuestra barba en remojo.

Fuente: www.lahora.com.gt


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