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Impresionante cantidad de mensajes
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 25 de junio de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Me ha llamado poderosamente la atención la cantidad de mensajes que he recibido como consecuencia del artículo relacionado con el usufructo a las universidades privadas que este gobierno ha otorgado con manga ancha. Pocos temas han generado tal cantidad de reacciones y todas han sido sumamente críticas hacia ese trato de privilegio que han recibido, sobre todo la Universidad del Istmo que opera bajo el alero del Opus Dei, razón que dio lugar a la mayoría de comentarios, dado el carácter tan especial de ese grupo religioso que ha adquirido mucho mayor poder en las últimas décadas por la influencia que llegaron a tener en el Vaticano durante el papado de Juan Pablo II.

Impresiona ver la cantidad de gente que advierte que es peligroso meterse a criticar a los señores del Opus Dei y recuerdan cómo la revista Crónica empezó a sufrir las consecuencias de un tremendo boicot económico como resultado de una campaña montada por los militantes de esa prelatura personal que opera sin necesidad de someterse, como cualquier otra congregación, a la autoridad de la diócesis sino que dependen directamente del Papa.

También gente de otras universidades privadas ha comentado el tema, con el ruego de no difundir sus puntos de vista para que no parezca “envidia”, pero señalan que mientras ellos tienen que batallar para asegurar el éxito económico de sus operaciones, otros simplemente usan sus influencias para obtener privilegios extraordinarios que les dan una ventaja enorme. Afirman estas personas que virtualmente en todas las universidades privadas se extienden becas a estudiantes con excelencia académica y que el Estado no recibe ningún beneficio adicional por haber otorgado la concesión a la Universidad del Istmo. Intuyo, sin embargo, que más que la preocupación por que pueda parecer que existe algún grado de “envidia”, lo que hay es un tremendo miedo a meterse con la gente que está atrás de la mencionada Universidad, puesto que curiosamente todos hablan de agallas para entrarle a un tema que la sociedad pasa por alto.

Lo penoso de todo esto es que se trata de hechos consumados que no van a cambiar, porque la mencionada Universidad no va a tener el gesto hidalgo de renunciar a un privilegio obtenido en auténtico tráfico de influencias que debiera ser repudiado por ellos mismos como signo de decencia. No puede ser que un país pobre, que debiera dedicar sus recursos a promover el bien común, termine aportando bienes para actividades que al fin y al cabo son simplemente beneficio de una élite privilegiada que ya lo tiene todo y que bien podría hacer una colecta privada entre sus muchos cooperantes para adquirir o arrendar terrenos como lo han hecho todas las otras universidades.

Creo que estas situaciones son las que han generado a lo largo y ancho del mundo una seria discusión sobre la forma en que opera el Opus Dei, puesto que esa su forma de sacar ventaja del tráfico de influencias es histórica. Lo mismo ocurrió en la España de Franco y ocurre en la Guatemala de Arzú y Berger, gobiernos con los que tienen especial y estrecha relación. Si otro sector, aprovechando la amistad con un mandatario, obtiene un trato tan especial y un usufructo tan generoso, sin duda que diríamos todos que estamos frente a otra muestra de corrupción por el uso que se hace, como si fueran parte de una finca privada, de los bienes del Estado. En este caso, el cuello blanco impide usar tan grueso término.

Fuente: www.lahora.com.gt - 240605


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