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La falta de autoridad provoca la anarquía
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 7 de julio de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Muchos consideran que el peligro de la ingobernabilidad en Guatemala se acrecienta por la tendencia de las comunidades a reclamar la aplicación del Código Municipal o del Convenio 169 de la OIT para implementar procesos de consulta popular frente a proyectos que afectan a los pobladores. Sin embargo yo creo que la ingobernabilidad del país es más producto de la ausencia del Estado en prácticamente todo el país, al punto de que es prácticamente invisible hasta en el tema de la seguridad y sólo se detecta su presencia cuando existen grandes intereses de particulares que requieren de protección para preservar sus privilegios.

En efecto, si vemos lo que está ocurriendo con el surgimiento de escuadrones de la muerte que se encargan de eliminar físicamente a quienes sin juicio son considerados delincuentes, tenemos que entender que el país está inmerso en una profunda anarquía y que la ingobernabilidad no tiene que ver con las consultas populares sino con la incapacidad del Estado para cumplir con sus obligaciones elementales. El aparecimiento de tres cadáveres ayer, con un macabro mensaje en el que se les sindicaba de ser robacarros, evidencia que se están produciendo ejecuciones extrajudiciales. Las autoridades han dicho que suponen que ese caso puede ser producto de pleitos entre bandas dedicadas a robar automóviles, pero los familiares de las víctimas dicen que se trataba de personas honradas que se dedicaban a un negocio lícito de compra y venta de chatarra. Lo cierto es que será muy difícil establecer si realmente eran delincuentes o comerciantes honestos, pero lo que es irreversible es que fueron ejecutados a sangre fría.

El Estado dejó de cumplir con sus funciones elementales hace mucho tiempo. Si vemos lo que la Constitución define como fines esenciales del Estado, tenemos que comprender que nada de lo que dice nuestra Carta Magna se cumple ni en la letra ni en el espíritu, por lo que el país se hundió en la anarquía. Y cuando el Estado hace acto de presencia, generalmente es para garantizar el privilegio de unos pocos en contra del punto de vista y de los intereses del resto de la población, lo que provoca esa situación de permanente conflictividad que vivimos y que nos coloca en una situación extremadamente difícil. Cada día es más evidente que el guatemalteco se divorcia de sus autoridades y eso es lo que nos puede llevar tarde o temprano a situaciones como las que hemos visto en Ecuador o Bolivia. Creo que sólo porque los guatemaltecos tenemos una proverbial paciencia y hasta indiferencia frente a los problemas colectivos y no reaccionamos mientras nuestro propio derecho no se vea afectado es que el país ha logrado una calma chicha como la que se vive.

Pero las distintas formas de organización que estamos presenciando son preludio de situaciones difíciles. Ojalá todos los guatemaltecos decidieran actuar como lo han hecho quienes recurren al procedimiento de ley como las consultas populares en vez de actuar como los que organizan escuadrones de la muerte para suplir las deficiencias del Estado. Pero llama la atención que se protesta más por las consultas populares que por el surgimiento de pandillas criminales que se proponen ejecutar extrajudicialmente a los acusados de cometer actos delictivos. Es inaudito que en un país como el nuestro, se advierta como signo de ingobernabilidad la actitud de quienes actúan en el marco de la ley y hacen que su voz sea escuchada, pero no se considere peligrosa para la gobernabilidad la proliferación de escuadrones de la muerte.

Fuente: www.lahora.com.gt - 060705


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