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Londres: de la fiesta al llanto
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 8 de julio de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Empiezo por señalar que me parece lamentable la política de Tony Blair al convertirse en una especie de perro faldero de George Bush, al punto de que junto al señor Aznar de España, pusieron en entredicho todo el sistema del derecho internacional y de Naciones Unidas al decidir el ataque a Irak falseando hechos para justificar una guerra que ha sido terriblemente trágica no sólo para ciudadanos de esos países, sino también para más de 24 mil iraquíes que han muerto en los últimos meses.

Sin embargo, el ataque cometido esta mañana contra personas inocentes en el sistema de transporte público de Londres se suma a la lista de acciones injustificables que se cometen en el marco de esa guerra entre terroristas que tratan de imponer su ley a fuerza de atentados y crímenes que se cometen tanto en las capitales occidentales como en los remotos lugares de Afganistán y el Golfo Pérsico.

Ayer veíamos en la televisión las escenas de júbilo de los habitantes de Londres que, congregados en la Plaza Trafalgar, celebraban la decisión del Comité Olímpico de otorgarles la sede para la realización de los juegos deportivos del 2012. Más tarde eran los manifestantes que protestaban contra el Grupo de los 8 quienes ocupaban las pantallas de los televisores alrededor del mundo, para expresar el descontento que genera la forma en que las naciones más ricas enfocan el problema de la pobreza. Creo yo que precisamente los atentados coinciden no tanto con la designación olímpica de Londres, sino con la presencia en Escocia de los jefes de Estado de las naciones más poderosas de la Tierra para realizar la cumbre en la que se discute la guerra contra la pobreza.

Y Blair había viajado hace algunas semanas a Washington para convencer, sin éxito, a su aliado en la guerra de la necesidad de realizar una inversión social muy fuerte en los países de África. Bush no entendió el mensaje porque evidentemente en su perspectiva no cuadra la idea de que una forma de evitar los odios y enemistades en el mundo es la inversión en desarrollo en los países más pobres, tesis que ha alentado en los últimos tiempos el gobierno inglés en un esfuerzo por encontrar alguna salida al problema del terrorismo. Y es que las inequidades mundiales y la arrogancia de algunas potencias es lo que provoca el surgimiento de acciones terroristas que, por lo demás, no son invento del mundo islámico y cosa nueva. La historia de la Humanidad recoge una gran cantidad de acciones de violencia de quienes sintiéndose oprimidos y sin el recurso de hacer valer sus derechos, escogen el camino de la lucha armada para lograr sus fines. Los triunfadores son conocidos como libertadores, luchadores por la libertad, abanderados de los derechos. Los derrotados quedan como terroristas subversivos, papel en el que estarían personalidades como George Washington o Simón Bolívar de no haber concretado sus luchas en pro de sus respectivos pueblos. Si alguna solución tiene la guerra entre terroristas de hoy (tanto terroristas clandestinos como terroristas que actúan en nombre de Estados que violan derechos humanos y no vacilan en asesinar gente) está en la promoción de políticas de desarrollo y de respeto a los derechos de todos los pueblos. Vivimos en un mundo convulso porque, desgraciadamente, hay demasiada arrogancia de los poderosos para avasallar a los más débiles y éstos creen que su única defensa está en el terror como arma.

Fuente: www.lahora.com.gt - 070705


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