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El necesario incremento de la inversión social
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 27 de julio de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Confieso que esperaba que tras la jornada de reflexión que se produjo en la encerrona de los principales funcionarios de este gobierno, surgiera un verdadero golpe de timón como el que sugirió el vicepresidente Eduardo Stein al hablar de las expectativas para los próximos 30 meses que son los que le quedan al gobierno de Óscar Berger. En cambio, lo que salió es un poco de más de lo mismo, es decir, medidas de bombero para ir controlando los incendios de la coyuntura, pero sin una propuesta de largo plazo que pretenda establecer prioridades en el país para atacar no sólo los efectos, sino las causas de nuestros mayores males.

Cierto es que el tema de la seguridad, que constituye el talón de Aquiles de la sociedad guatemalteca, recibió atención y al parecer existe un plan para enfrentarlo. Plan que por razones estratégicas no puede ser divulgado pero que ha sido esbozado en líneas muy gruesas por el Ministro de Gobernación y que tiende al control y combate del crimen organizado.

Sin embargo, los dos factores puntuales que inciden en el aumento de la criminalidad en el país siguen sin recibir atención. No puede negarse que la existencia de un sistema general de impunidad alienta la comisión de toda clase de hechos delictivos, incluyendo hasta la misma limpieza social, porque la única certeza que tiene el delincuente en Guatemala es que las probabilidades de ser capturado y condenado terminan siendo en verdad infinitesimales. Y el otro factor que genera tanta violencia, sobre todo la que se expresa en las pandillas juveniles que se multiplican por todo el país, es la falta de reales oportunidades para nuestra juventud que se debate en la disyuntiva de emigrar en busca de mejores horizontes o de vivir aceleradamente en el seno de una mara para encontrarle algún sentido a su existencia.

Creo que cuestiones como la decisión de buscar un diálogo directo con Belice, que define el rumbo de la política exterior para los próximos 30 meses, es importante, pero sigo pensando que las cuestiones de fondo, las que tienen que ver con la estructura social del país y que nos marcan tanto en el aspecto económico como político, siguen sin ser enfrentadas con la claridad y visión que las circunstancias reclaman.

Porque nuestros gobiernos terminan siendo administradores de la crisis perpetua, sin que asuman el papel de orquestadores de un gran esfuerzo nacional para revertir una situación que es frustrante y que estanca toda posibilidad de desarrollo. Mientras el resto de los países de la región hace inversiones importantes y mejor aunque sea en forma modesta en cuanto al desarrollo humano, nosotros seguimos sin entender el lastre que para el país representa ese ancestral descuido por nuestro principal recurso que es la gente.

Ante la ausencia de partidos políticos y de una estructura orgánica de la sociedad que obligue al debate de los temas de fondo, terminamos en el círculo vicioso de la coyuntura que siempre ha enredado a los gobernantes. Aquella visión que hubo al promediar el siglo pasado, cuando se trató de delinear la modernización del país con proyectos de gran trascendencia, no ha vuelto a verse porque cada período de gobierno estamos reinventando al país y recurriendo a los mismos errores trágicos.

Por lo que se puede ver al analizar las conclusiones de la encerrona a 18 meses de este gobierno, la preocupación vuelve a ser el día a día sin pensar en el mañana y mucho menos en las décadas por venir.

Fuente: www.lahora.com.gt - 260705


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