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El TLC puede ser un tiro por la culata
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 1 de agosto de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

El interés de Estados Unidos en el Tratado de Libre Comercio con esta región tiene mucho que ver con cuestiones geopolíticas y la necesidad de disponer de una especie de colchón de seguridad con una Sudamérica que se puede ir distanciando de los norteamericanos. El TLC no es simplemente un instrumento comercial y así lo debemos entender, pero lo que deben tomar en cuenta los políticos de Washington que visualizan en forma global el diseño de su política exterior, es que si ese tratado no se traduce en bienestar para los pueblos de la América Central, pude ser un tiro por la culata, porque se trata de una región que sufre sus propias e históricas convulsiones debido a la inequidad social existente.

La experiencia mexicana demuestra que los grandes intereses económicos obtuvieron beneficios significativos con la vigencia del libre comercio pero la clase media ha pagado un precio muy alto y en buena medida se ha visto reducida por el impacto de esa apertura comercial. México tenía una clase media mucho más vigorosa que la que hay actualmente en Guatemala, por ejemplo, y aquí un perjuicio a ese ya mermado sector puede tener efectos muy duros que podrían traducirse en mayor crisis de gobernabilidad.
Hoy en día se está dando ya por sentado algo que hemos comentado desde hace mucho tiempo. El Estado de Guatemala ha fracasado en forma tan radical que ni siquiera puede cumplir con los fines esenciales que se puso a sí mismo en la Constitución Política de la República. Si es incapaz de garantizar la vida y pacífica posesión de sus bienes a los habitantes de la República, mucho menos podrá encargarse de promover el bien común como fin supremo de la sociedad. Y un Estado tan venido a menos es el que tendría que jugar un importante papel mediante la implementación del marco regulatorio interno para hacer que la apertura comercial se conduzca con elementales principios de respeto a las normas.

Viviendo en plena ley de la selva, donde si el Estado aparece es tan sólo para asegurar privilegios a los pocos que los gozan pero en donde, en términos generales, la ausencia estatal es patética hasta en la administración de la justicia, una apertura comercial como ésta podría ser muy dañina para quienes por ser más poderosos pueden imponer la ley del más fuerte.

Yo pienso que Estados Unidos tendrá que hacer notables esfuerzos por asegurar que los beneficios del TLC no se queden en una pequeña cúpula de privilegiados que desde siempre han gozado de las ventajas del desarrollo y que propician esa abismal diferencia que hay entre los pobres y los ricos en nuestro país. Si el TLC no se convierte en una especie de ecualizador sino que agranda la brecha existente, las consecuencias no serán sólo en el plano económico, sino que tendrán efecto tarde o temprano en la cuestión política y en la gobernabilidad del país.

Y si el propósito de Estados Unidos al impulsar el TLC es disponer de mecanismos que les faciliten el control de estos países, tienen que hacer que el libre comercio se proyecte con toda fuerza en el beneficio de la población. ¿Cómo hacerlo en un país como el nuestro, carente de instrumentos efectivos para que el Estado cumpla sus fines y carente de liderazgos y de instituciones comprometidas con el bien común? Realmente es una pregunta crucial y de muy difícil respuesta.

Fuente: www.lahora.com.gt


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