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Bush se preocupa por su vecindario
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 3 de agosto de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Al firmar la Ley que aprueba el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana, el Presidente Bush dijo que las democracias del vecindario de Estados Unidos se verán fortalecidas por la implementación de este intercambio comercial y recordó que hace apenas unas cuantas décadas estos países vivían en medio de dictaduras, de pobreza y de revoluciones. Por supuesto destacó que el fortalecimiento de las democracias en el vecindario permite mejorar la seguridad en estos tiempos de terrorismo globalizado.

Creo que es importante que el Presidente de Estados Unidos valore lo que significa el fortalecimiento de las democracias en la región, sobre todo porque ello significaría un abandono para siempre de aquella vieja estrategia de apoyar a gobiernos moderadamente dictatoriales pero alineados con Washington o, peor aún, a gobiernos de hijos de tantas que eran aceptados en la Casa Blanca porque "al fin y al cabo, son nuestros hijos de tantas". Pero lo que debe entenderse, además, es que la democracia para fortalecerse tiene que traducirse en políticas que generen bienestar para la población y ése es, cabalmente, uno de los riesgos que veo en el TLC.

Oficialmente se ha aceptado que el Tratado de Libre Comercio necesita de medidas compensatorias que deben ser aprobadas por el Congreso; eso significa que aun una sociedad tan dura y poco solidaria como la nuestra, admite que hay un impacto negativo en la apertura comercial en los términos que fueron negociados. Entiendo que el Libre Comercio es imperativo y que no había espacio para oponernos al mismo, pero cabalmente por la certeza de que hace falta una importante agenda de legislación compensatoria es que no pueden considerarse como temores infundados los que apuntan a un efecto perjudicial para los sectores más necesitados del país.

Si Estados Unidos realmente valora el fortalecimiento de las democracias en "su vecindario" debe entender que el libre comercio es apenas un instrumento, pero ni por asomo constituye la panacea para asegurar que el modelo democrático encuentra el cimiento que necesita. Mientras no tengamos políticas adecuadas para combatir la pobreza y darle a la población esperanza y oportunidades, no podemos hacernos ilusiones de que la gente va a desvivirse por respaldar un modelo político que, por lo demás, ha demostrado que sirve para aumentar los privilegios de unos pocos y para fomentar la corrupción entre quienes ejercen el poder político cabalmente para ponerse al servicio de los grandes intereses económicos.

En Estados Unidos la democracia se traduce en oportunidad y por ello es que se habla de ese país como el más parejo para facilitar que la gente pueda aspirar a vivir mejor mediante su esfuerzo y su trabajo. Ése es el sentido de la democracia para los norteamericanos, puesto que el hijo de un obrero puede llegar a la cúspide económica, cultural o política.

En cambio la democracia en estos países no ofrece oportunidades más que para los que ya lo tienen todo y condenan a la miseria a mucha gente que simplemente por haber nacido en un hogar pobre no tiene esperanza. Eso es lo que tiene que cambiar si queremos que algún día los ciudadanos guatemaltecos nos sintamos totalmente comprometidos para luchar con uñas y dientes en defensa de nuestro estilo de vida, de nuestra democracia.

Fuente: www.lahora.com.gt


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