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Quiénes son los buenos y quiénes los malos
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 26 de agosto de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

El caso de Pat Robertson, el millonario líder de la derecha religiosa que es la base política del Partido Republicano y del presidente Bush, al sugerir primero que se asesine al Presidente de la República de Venezuela y luego “sacar la pata” diciendo que tal vez no haga falta matarlo sino simplemente secuestrarlo, ha generado todo tipo de comentarios, pero lo más importante, creo yo, es que evidencia que vivimos en un mundo donde prevalece la doble moral y los mismos hechos son juzgados con raseros totalmente diferentes.

Robertson está recetando para Chávez lo mismo que los miembros de Al Qaeda recetan para Bush y los ciudadanos norteamericanos en general y honestamente hablando, tan malos son unos como los otros. Ni los musulmanes ni los cristianos tienen una religión basada en el odio y la violencia, pero en uno y otro credo existen fanáticos que en nombre de Alá o de Jesucristo, son capaces de decir y hacer las peores barrabasadas.

Los humanos tenemos la tendencia a condenar lo que hacen y piensan otros y a justificar lo que hacemos y decimos nosotros. Si Bin Laden dice que hay que matar a Bush el mundo occidental se conmueve y considera como una salvajada una declaración de tal naturaleza. Pero si Robertson dice que hay que matar a Chávez, resulta que la Casa Blanca guarda silencio en tácito apoyo a la idea del fanático talibán de la derecha religiosa cristiana de los Estados Unidos.

La verdad es que uno de los sellos dominantes de estos tiempos es la doble moral que se manifiesta en casi todos los órdenes de la vida. Los defensores de la vida que luchan contra el aborto son, generalmente, los más decididos defensores de la pena de muerte en el régimen penal. Los más severos críticos de la corrupción andan buscando la oportunidad de hacer algún negocio a la sombra del Estado que, desde su perspectiva, no cae en el ámbito de la podredumbre porque es realizado con cuello blanco y por gente que presume de alcurnia.

Los periodistas mismos andamos proclamando nuestro compromiso con la libre expresión y condenando a cualquiera que parezca no respetarla, pero cuando llegan las aclaraciones a las mesas de redacción, simplemente son enviadas al cesto de la basura porque nos arrogamos el derecho de calificar quién sí y quién no tiene derecho a expresar libremente su punto de vista. Es más, si llamamos a alguien ladrón y éste quiere aclarar, hay quienes no tienen empacho en decir que es simplemente una opinión para agregar, cínicamente, que las opiniones no son objeto de aclaraciones.

Robertson es simplemente un reflejo de lo que somos al olvidar precisamente que no debemos andar viendo la paja en el ojo ajeno sin darnos cuenta de la viga en el propio. Claro está que es más fácil despotricar contra los semejantes que moderar nuestras posturas y actuaciones; Chávez no tiene derecho a criticar a Estados Unidos, pero Washington puede decir lo que quiera del gobernante venezolano. Chávez merece la muerte o el secuestro (como Noriega), pero el ataque contra la vida de cualquier ciudadano norteamericano puede justificar hasta una intervención militar.

En otras palabras, vivimos en un mundo de sepulcros blanqueados y Robertson no es sino uno de los más grandes mausoleos, ornamentado con oro que sirve para cubrir el gusanero que hay adentro.

Fuente: www.lahora.com.gt - 250805


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